Se trata de disfrutar. Peña Foratata

“Nos convertimos en lo que pensamos.”

Nervios y dudas. Con estos pensamientos comenzaba antes de empezar esta nueva ascensión tras el Matterhorn.

El Peña Foratata Oriental es una montaña que a pesar de no tener una gran altura en comparación con sus vecinos Balaítus, Infiernos, etc… no tiene nada que envidiar, ya que una vez llegas al collado Foratata comienza el tramo más divertido y expuesto.

En esta ocasión junto a David, Revu y yo (Marcos), nos acompaña Alex Pina después de dos años extraviado por tierras italianas.

Sin madrugar en exceso, llegamos al parking de Formigal, nos preparamos y comenzamos la andada. El día comienza despejado, con aire frio de norte que se agradece en las subidas. Hacía tiempo entre carreras, entrenamientos, ascensiones de consideración que no subíamos sin preocuparnos del ritmo ni altitud. Parando de vez en cuando a comer algún aperitivo llegamos por fin al collado de foratata. Utilizamos este punto para colocarnos arnés, comer bien, e hidratarnos, para dejar peso junto a Alex que decide no subir.21706516_772704272899418_196077776_o

El primer tramo toca una bajada con piedra suelta que la única dificultad consiste en no resbalar para dejarnos en una faja herbosa muy aérea y estrecha que nos deleita con unas vistas hacia la zona de Formigal desde las alturas. Pasamos la faja cruzándonos con una chimenea utilizada para escalada deportiva con parabolts que sube directo a la cima hasta llegar a la chimenea más sencilla marcada con flechas y puntos rojos y en los tramos mas expuestos ayudados con cuerda fija. 21844204_772704296232749_544467964_o

21844027_772704286232750_183083288_oLa primera chimenea no presenta complicaciones, únicamente la preocupación de no tener un traspié, ya que a pesar de no ser difícil, una caída te lleva directamente al Parking de Formigal. Al no ver dificultades decidimos no encordarnos para subir más ligeros. Y vamos enlazando una chimenea tras otra hasta llegar a la cima.21844135_772704279566084_1138042661_o

La cima se disfruta poco. Una vez arriba vemos que en la zona de Sallent y el pantano de Lanuza se han colocado  las nubes y una capa de lluvia cubre la zona, y por la zona de Anayet se acercan más nubes.  Además decidimos buscar la bajada que se situa más al oeste.forata

Cruzamos una sencilla cresta hasta colocarnos en el primer punto de rapel. Ninguno de los 6 que estamos sabemos exactamente por donde se baja. Una persona del otro grupo decide bajar por una chimenea que te lleva a un árbol, en la que encuentra el segundo rapel. Bajamos todos mientras se monta el segundo rapel que nos deja en una especie de collado. 21769158_772704252899420_218269700_o

El cielo se va cubriendo cada vez más, el reloj marca tormenta, pero nos damos cuenta que ya no hay que realizar más que una pequeña y sencilla destrepada para situarnos justo debajo del collado foratata. La rapidez con la que hemos subido nada ha tenido que ver con la lentitud en encontrar los rapeles y decidir por donde bajar, pero una vez abajo la tranquilidad vuelve. 21706542_772704209566091_440305396_o

Volvemos a encontrarnos con Alex. Recogemos y nos preparamos rapidos ya que la nube se ha colocado encima nuestro y nos recibe con agua nieve y cogemos buen ritmo de bajada hasta el coche.

Necesitaba una ascensión así. Técnicamente el tramo de las chimeneas me recordaba al Matterhorn, pero sin las prisas por ascender ni con tanta presión encima, la subida se hacia divertida, incluso corta.

A veces necesitamos retroceder, volver al punto de partida, buscar la razón por la que decidimos hacer lo que hacemos. Perder para volver a disfrutar de la victoria. Los nervios con los que comencé se convirtieron en motivación para nuevos proyectos.

No se trata siempre de ganar. Se trata de disfrutar.

Marcos.

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Matterhorn: El laberinto rocoso.

“Creo que este pico está en el límite de nuestras posibilidades.”

Lo pongo entre comillas, pero es mi voz desde el primer momento que se planteó intentarlo.

Y es que a veces hay que ir al límite para saber dónde está. Sino, nos pasaríamos la vida estancados en el mismo punto de partida. En nuestra zona de confort. Ahí, invulnerables pero conformistas. Saciables.

Creo que el Matterhorn, o Cervino para los italianos, no necesita presentaciones. Cualquiera que sepa algo de montaña lo conoce; y cualquiera que no sepa absolutamente nada de montaña la ha visto comiéndose un Toblerone. De pequeños todos hemos dibujado esa forma puntiaguda. Pues así es como debe ser una montaña. El que imaginó una cumbre seguro que pensó en una línea similar.

Es, sin lugar a dudas, la máxima expresión de ella.

Tras unos días machacando piernas y brazos por los alrededores de Zermatt, llegó el momento de poner rumbo al refugio Hornli. Bueno, debería llamarlo hotel, pues las condiciones y comodidades así lo merecen (con lo que se paga no es para menos).

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Una vez acomodados, nos ponemos todo el material y decidimos comprobar cómo es el terreno para la ascensión del día siguiente. Quitar tensiones, comprobar sensaciones, practicar la progresión. Ese era nuestro cometido en esos primeros ciento cincuenta metros de ascensión. Y así fue.

Desde la visión de alguien que iba totalmente concienciado de que este pico no iba a ser uno cualquiera, yo no encontré nada que no me esperara.

Sus trepadas sencillas pero comprometidas, su camino confuso imposible de seguir, su caos de roca, y sobretodo su caída de piedras fue lo que nos dio la bienvenida.

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5:00 de la mañana. Un panal de luces frontales se aglomeran en la primera trepada. Cojo la cuerda con firmeza, seguridad y decisión. Comienza el ascenso.

Avanzamos como ciego sin lazarillo. En apenas cien metros de desnivel las luces se extienden a lo largo de la arista. Se estira el chicle. Hemos perdido la referencia de los guías. Resulta imposible seguirles el ritmo. No somos los únicos que nos quedamos por detrás. Varios nos equivocamos de camino. Veo a un guía y su cliente por encima de mi, en la ruta correcta. Así que les dejo pasar, y le digo a mi compañero de cordada, Revu, que nos tenemos que pegar a su culo, literalmente, si queremos tener alguna posibilidad.

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Y se oye una voz por detrás que dice que paremos. Marcos no se encuentra bien y decide no continuar. Lo siguiente que sale por su boca es un “lo siento, chicos”.

Me entra la risa. Es el mismo que me ha abierto huella decenas de veces. El que me ha venido a buscar cuando mis piernas no podían más. Como si hubiera algo que perdonar. Deshago junto a él el camino recorrido y vuelvo al encuentro de Revu y Diego.

Creo que todos éramos conscientes, desde ese momento y, probablemente desde antes, que no íbamos a hacer cima. Los guías no están. Se han perdido en el laberinto de roca. Aún así, decidimos continuar hasta donde lleguemos; estábamos allí y queríamos vivirlo.

Me encuentro bien, (bastante) mejor de lo esperado. Estoy disfrutando, trepada tras trepada. Me encanta.

Pero avanzar mucho más no tiene demasiado sentido. El descenso no está claro así que decidimos hacerlo con tiempo.

Llegamos a Hornli de nuevo a las 11:30. Schwarzsee a las 13:00 y Zermatt  las 14:30.

Se acabó el sueño.

Y es que al final resultó que sí, que es una montaña en la que hay que moverse rápido, ágil, hábil, concentrado. Creo que es una montaña de montañeros. De los de cuerda y calcetines de borreguillo.

Es una montaña para la que se han tenido que hacer muchas horas de montaña (valga la redundancia) previamente.

Así que seguiremos “echando” horas, y quién sabe si algún día volvemos. Por ahora el cuerpo me pide menos picos. Menos cifras y objetivos.

Me pide más pared, más escalada sin importar el número. Más sendero, más mochila.

Tienda, anocheceres y amaneceres. Paisajes.

Matterhorn pasa a significar para nosotros algo más que una simple montaña. Será, a partir de hoy, una referencia, un recuerdo, una cicatriz.

Una marca en nuestra piel.

Pura vida.

David.

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Salvador

Como toda buena serie policíaca, esta historia comienza con la llegada de un nuevo compañero. Salvador.

Salvador viene a cubrir el hueco que dejó mi anterior colega, “Tiburón”.
Tiburón era un tipo rápido, ágil y con mucho nervio. Su aspecto no pasaba inadvertido y su personalidad, arrollaba. Le llamaban así a causa de un bulto con forma de aleta en la chepa. Bonito no era, pero remataba su carácter.

Tiburón y yo recorrimos muchos kilómetros juntos. Cruzamos España de este a oeste unas cuantas veces; en verano, en invierno, de día y de noche. Viena y Bolonia fueron nuestras dianas más lejanas, y cuando necesitábamos una desconexión, la cornisa cantábrica era nuestro patio de recreo. Seguir leyendo “Salvador”

Tormenta en Cregüeña.

La mochila pesa, aunque menos que otras veces. Creo que tengo menos fondo físico que el año pasado, o simplemente es mi sensación. Me hubiera gustado haber entrenado más,  pero de una manera u otra, he hecho lo que me apetecía hacer. Sin obligaciones. Estoy feliz.

Me encuentro bien subiendo las terribles cuestas pedregosas que conducen al maravilloso ibón de Cregüeña, en el Valle de Benasque. El ritmo es lento, no hay ninguna prisa, y amenizamos las cerca de cuatro horas de recorrido con conversaciones eternas y juegos varios. Cada día que pasa tengo más claro como quiero hacer montaña. Pasar cuantas más horas mejor, dormir, parar, reír. Mirar; mirar y observar. Respirar. Seguir leyendo “Tormenta en Cregüeña.”

Abstinencia.

Abstinencia: Acción de abstenerse o privarse de alguna cosa.

A que acojona. Suena terrible. Privarse de algo, vaya tontería, pudiendo tenerlo todo ¿Verdad? O no. Porque no se puede tener y hacer de todo. Porque el que mucho abarca poco aprieta. ¿O sí?

A lo que vamos, que me voy por las ramas. 18 de junio de 2017. Faltan dos meses para el gran objetivo deportivo del año. Para recorrer una salvajada de kilómetros y llegar a Zermatt; para aclimatar, subir al refugio e intentar, al día siguiente, escalar el Cervino; y para volver, enseñar fotos y vídeos y contar una experiencia más, con cima o sin ella. Seguir leyendo “Abstinencia.”

Balaitus 4.0|| Brecha Latour.

Estoy temblando. Y esta vez no es de miedo, tensión o inseguridad. Es frío. Llevo cerca de 45 minutos en la penumbra, buscando el dichoso lugar en el que montar el rapel y, una vez montado, esperando a que mis cinco compañeros desciendan hasta la reunión.

Mi rostro cambia, reflexiono. Pienso en el objetivo de Agosto. Siento que necesitamos ser ágiles, hábiles y coordinados; movernos con mayor rapidez, sin fallos, y no lo estamos haciendo del todo bien. Seguir leyendo “Balaitus 4.0|| Brecha Latour.”