Negro sobre Rosa (200m / 6a+) || Mallo de Enmedio – Riglos

«A la vuelta, desde mi asiento de copiloto, miro hacia la derecha con una sonrisa dibujada en mi cara, intentando disimular el vidrioso de mis ojos, feliz tras volver a reconocerme, por poquito que fuera.»

Por fin estamos de vuelta tras unos meses complicados. Tenía muchas ganas de volver a escribir. El problema radica en que escribo por sensaciones, y éstas emanan cuando hago algo que siento especial. Al no poderlo hacer, el resultado es el que es: tiempo sin reseñar ninguna actividad.

Cuando todo pase será momento de sacar todo lo que hay dentro, pero por ahora, y como nos gusta decir: a llorar a la llorería.

Hoy es momento de rescatar una actividad del mes pasado, para la que Ari y yo teníamos mucha motivación y ganas: escalar en los mallos grandes de nuevo, y por primera vez.

Los equipadores de Sueño Vertical permiten escalar vías en Riglos a aquellos mortales que, como nosotros, no tenemos la cabeza ni la fuerza para (por ahora), soñar muy grande.

Con la única premisa de disfrutar, apretar y sentirse realizado, Ari y yo nos plantamos a los pies de la chimenea-canal que indica el comienzo de los dos primeros largos a escalar.

L1 (V) para Ari. Tras superar una panza inicial, comienza la técnica de oposición que no se abandonará hasta el final del L2. Con destreza y seguridad, alcanza la reunión sin ningún sobresalto. Hay días en los que haces click, entiendes la escalada como un baile entre tú y la roca, sientes que no puedes caer, y disfrutas escalando como nunca antes lo habías hecho. Creo que, para Ari, aquel día algo dentro de ella cambió.

L1

L2 (V+) para mi. Sigue la misma tónica, con un paso algo «tonto» para llegar a la reunión. Hasta aquí, escalada de piernas, tirando de gemelo, como nos gusta.

L2

L3 (III+) consiste en una travesía a izquierdas, asegurada con una cuerda fija, que permite pasar de forma tranquila hasta la R. A Ari no le gustan nada las travesías y siempre intenta evitarlas. Pero hoy pocas cosas iban a pararla.

L4 (V+/6a) lleva mi nombre. Lo que disfruto haciendo este largo no tiene nombre. Suelto hasta un «cómo mola sentirse escalador». Técnico en fisura. Una gozada.

L4

Después de otra travesía de transición (L5), Ari va decidida a enfrentarse a su primer 6a en pared. L6 serpentea por el muro en busca del camino más fácil. Un paso a mitad del largo marca la dificultad. Alcanza la R muy contenta y paseándose, literalmente, por la pared.

L7 (6a+), mantenido en verticalidad y dificultad, acaba achuchando si has desgastado tontamente en los pasos previos. A falta de una chapa y la R paro a reposar, porque se me empieza a abrir la mano. No estamos como estábamos, pero estaremos. Aún con todo, largo espectacular.

L7

L8 (6a). La guinda del pastel. Ari decide intentarlo. Dos panzas, una al comienzo y otra al final. Panzas rigleras: buenas manos, pero que obligan a hacer los pasos rápidos para no fundirte en exceso. ¿Resultado? ¡otro 6a a la saca!

L8

Trepamos por una cadena en busca del mallo Frechín, para bajar al pueblo haciendo la circular por el circo de verano. Pasamos a los pies de El Puro; miro su primer largo de la cara norte. Siento un cosquilleo: este año no te escapas.

Volvemos a casa tras una gran jornada. Como siempre digo, hay días que valen por dos. Éste fue uno de ellos.

Nos leemos en la próxima, que se intuye cercana. Hasta entonces ya sabéis: Tiempo, y pura vida.

David.

Petrechema (2.371m) || Valle de Ansó

Cuando la monotonía del estudio te absorbe, es fácil olvidar que hay cosas muchísimo más importantes que un examen. Es sorprendentemente sencillo perder el norte, obnubilarte, cegarte. Quizás, incluso obsesionarte. A veces distingues bien esa línea, y otras no tanto. La suerte es tener gente que te recuerde lo esencial: furgoneta, montaña, esquí y nieve.

De esta última la cosa va escasa, porque el anticiclón está agarrado como una garrapata. A pesar de ello, Ari y yo decidimos viajar al Refugio de Linza, para volver a respirar aire limpio.

Nuestra idea es clara: esquiaremos lo que se pueda, sino, andando y con crampones, hasta el punto más alto de una cima a la que le tengo muchas ganas. Más por una zona desconocida para mí (y para nosotros), que por la esquiada en sí.

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Memorias escaladoras III

Siempre que has dado tus primeros pasos en un deporte nuevo, te has sentido relativamente competente de forma rápida. Por norma general, enseguida has conseguido «dominar» lo básico y disfrutar desde el primer momento. Así que presupones que éste no va a ser diferente. Iluso.

Ávido de experiencias, conoces la escalada. Se convierte en una hermosa casualidad. Te compras material, aprendes de aquellas maneras, y te lanzas a la roca. Pasan los meses y tú ves aquello como un problema indescifrable.

Durante mucho tiempo sientes que es imposible escalar más de un V de grado. Al principio, caes en el error de pensar que te falta fuerza. Así que te pones a hacer bloque, dominadas, campus y todas esas cosas que ves en los videos de los machacas. Pero tú sigues sin mejorar.

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Tuca Estibeta de Literola || Valle de Literola

La nieve ha caído en la frontera. Parece que Llanos de Hospital la conserva en condiciones excelentes. También en el valle de Literola, pero éste no la ha tratado tan bien.

Nuestro objetivo inicial es subir a lo más alto de la Tuca Estibeta de Literola, y disfrutar de, según dicen, uno de los mejores descensos del valle.

Comenzamos con los esquís a la espalda hasta salir del bosque. En apenas diez minutos nos encontramos en valle abierto y las primeras impresiones son poco prometedoras: ha hecho (y hace) mucho frío. Además, el viento ha soplado con fuerza y ha dejado la nieve de lo más irregular que hemos visto en nuestra corta experiencia. Zonas de puro hielo se intercalan con nieve polvo donde te hundes hasta la cintura si pisas sin esquís.

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De Toronzué a Sanchacollons || Comienza el esquí de montaña

Lejos queda ya aquella última salida de esquí la temporada pasada, deslizándonos por las palas de la cara oeste del Frondiellas.

Estos últimos meses la escalada me ha tenido atrapado, captando la mayor de las atenciones, pero en cuanto se han dado las condiciones, hemos salido en busca de la nieve como despavoridos.

La cota de nieve presumía de estar baja, y enseguida rescaté una ruta que tenía en mente y que me hacía mucha ilusión recorrer: subir al Pelopín y bajar al pueblo de Otal, desde el túnel de Cotefablo. Pero, como en esto de la montaña hay que aprender a improvisar, ser flexible, y sobre todo, escuchar a los que saben más, en el parking nos advierten que las caras nortes están muy heladas, haciendo peligrosos los descensos, y que la mejor opción, si se quiere esquiar algo, es buscar la orientación sur, para que el débil sol de diciembre consiga transformar la nieve, dejándola crema y fácil de esquiar.

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José Antonio Sanz (220m /6b) || Mallo Frechín

20 de noviembre. Últimos días de meteo amable antes de que empiece la nieve y el frío. Javi y un servidor dirigimos nuestros pasos y fuerzas hacia la vía José Antonio Sanz, a la que será nuestra segunda vía en los mallos grandes, tras el Espolón del Adamelo al Mallo Pisón.

Me gusta mucho leer sobre las vías que hago (y que no puedo hacer). Conocer la historia, quién la abrió y como lo hicieron, y más cuando se trata de un lugar tan mágico como Riglos.

Resulta que a esta vía le rodea una polémica sobre su reequipación y modificación de la vía original datada en el año 1971. Las críticas vienen, y escribo textualmente, por el exceso de parabolts y el cambio de la línea en gran parte del recorrido, perdiendo así la esencia y parte de la historia.

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