¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué?  Una simple pregunta, tan fácil de preguntar y tan difícil de responder.
Cómo hacer entender a alguien por qué hacemos lo que hacemos. Qué beneficio hay en desgastarse física y mentalmente por hacer una burrada de kilómetros y sumar tanto desnivel. Por qué pasar frio y sueño para llegar a la cima antes que nadie. Para qué pasarlo mal  aferrado  a una minúscula presa  aun sabiendo los riesgos que conllevaría una caída. Qué necesidad hay de sufrir para subir una pendiente inclinada de nieve mientras tus piernas tiemblan de la tensión acumulada y tu cabeza procesa todas las posibles consecuencias de un mal paso.

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Supongo que habrá miles de respuestas, tantas como amantes de la montaña. Podrían hablarnos los científicos de explicaciones en los cambios hormonales que nos proporciona el subir una montaña a nivel de serotonina, dopamina o adrenalina entre otras. Podríamos utilizar la definición de Mallory al ser cuestionado por la finalidad de subir a la montaña más alta del mundo. –“Porque está ahí” se límitó a responder. O como dijo Terray “la montaña quizá no sea más que un ingrato desierto de roca y hielo, sin otro valor que el que nosotros queramos otorgarle. Pero, sobre esta materia siempre virgen, por la fuerza creadora del espíritu cada uno puede a su gusto moldear la imagen del ideal que persigue“. En definitiva cada uno intentaría explicar a su modo el beneficio que existe en conquistar lo inútil, en subir una montaña para después tener que bajarla.
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Yo, personalmente, la mejor respuesta que os  puedo dar sería: porque podemos y podemos juntos. Si, y si no podemos, podremos hacerlo. Porque hemos podido “correr” por la montaña más de 12horas cuando hace poco tiempo se veía como locura. Porque para quién correr suponía un sacrificio pudo conseguir acabar con una maratón entrenando juntos. Porque a pesar de ver una pendiente exigente y peligrosa hemos podido superarla. Porque si no hemos podido hemos vuelto a intentarlo hasta poder conseguirlo. Porque si nos hemos caído de esa minúscula presa hemos buscado otro camino para seguir escalando. Porque hemos pasado por afiladas crestas y superado obstáculos donde si alguien no pasaba, los otros ayudaban para que pasáramos todos.

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Juntos hemos conseguido un aprendizaje emocional a base de superación de dificultades que nos hace poner cada vez unos límites más altos. Cuando antes subir a una cima por la ruta normal nos parecía ya suficiente reto, ahora buscamos caminos alternativos. Realizamos esas mismas cimas como entrenamiento. Nombrar las cimas de los Alpes es una realidad en nuestros próximos desafíos y en definitiva lo que nos gusta es estar en la montaña y superar esas dificultades, pero superarlas juntos.
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Marcos.

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