Anayet invernal.

“Aquel que solo está preocupado por vivir, olvida fácilmente disfrutar de la vida”

Disfrutando, curiosamente así es como nos encontrábamos en mitad del corredor que da acceso a la cima del Anayet por su ruta clásica.

Basta ponerse un par de crampones, llevar piolet y asegurarse con arnés y cuerda para sentir esa felicidad entre la soledad de la roca y el hielo que ofrece la lejana mole, fuera de toda vista de la élite de esquiadores alpinos que nos da Formigal, como si para ellos no existiese más belleza que la que da la nieve artificial y unos cuantos remontes.

Nuestras pasiones son un misterio, nos jugamos la vida por subir esta cima y nadie, ni siquiera nosotros podemos explicar realmente por qué tanta felicidad…

Poco a poco, subiendo sin pausa, nos acercamos Raúl y yo a los ibones del Anayet, cruzamos toda la llanura que forma el sill del volcán y realizamos nuestra primera y única parada antes de hollar la cima. Es aquí dónde nos equipamos y encordamos, justo debajo del primer corredor que da acceso al collado entre el vértice y el propio Anayet.

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El primer corredor se sube fácil y rápido, la nieve es dura y la huella abierta forma escalones por los que ascender sin problemas. No encontramos alma alguna en estas paredes a excepción de una persona que dejamos en los ibones. Tras este primer corredor, nos situamos en una ladera Oeste para seguir subiendo hasta cruzar y encontramos enseguida con las cadenas previas al último corredor.

Tras pasar por unas cadenas limpias de nieve (el calor de los días anteriores transformaba la roca en radiadores) y una ladera algo expuesta nos encontramos con lo más “divertido” de la ascensión.

El corredor previo, debido a la poca cantidad de nieve que queda en el pirineo, es un corredor que se sube en mixto de roca y hielo, requiriendo en todo momento total atención evitando así los sustos. Y es que como dijo Andrés Nadal El camino de la montaña, como el de la vida, no se recorre con las piernas sino con el corazón.”  Y así, con más corazón que piernas, cramponeando y trepando conseguimos tocar la punta con nuestros dedos.

        “Nuestro camino no es por fáciles prados de hierba, sino que es por senderos de montaña escarpados y llenos de dificultades, Pero siempre hacia adelante, hacia arriba, hacia el sol.”

Seguiremos subiendo juntos.

Marcos.

 

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2 comentarios en “Anayet invernal.

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