La belleza de lo simple. Candanchú.

Que no siempre se pueden cumplir los objetivos lo sabemos todos. “La montaña siempre estará ahí” se suele decir. Pero no haber cumplido casi ninguna de las cimas este año es para hacerselo mirar…

Gran Facha, Balaitus, Garmo Negro, Brazatos e incluso alguna cima en los alpes, quedan en la lista de meros intentos este año y este fin de semana no iba a ser para menos…

Nos levantamos sin madrugar en exceso para aprovechar la ventana de buen tiempo que daban el sábado entre las 12 y las 6 de tarde e intentar ascender al pico Aspe desde el parking de Candanchu y lo que nos encontramos de camino, fue que la ventana ¡se había adelantado!

Comenzamos David y yo a ascender por Tortiellas siguiendo las pistas de esquí ganando altura poco a poco hasta llegar al último remonte en la Tuca Blanca, tras 2 horas de ascensión buscando el camino que nos diera ascenso directo a las rampas del Aspe, pero no fue así… Un trabajador de la estación nos aconsejó, con cara de preocupación, que no intentáramos el pico debido a la cantidad de hielo que había en sus pendientes y el mal tiempo que se venía encima.

Habiendo desistido una vez más el primer objetivo, decidimos improvisar recorriendo la parte trasera de la Tuca Blanca para aprendernos el camino para una nueva ocasión y, mientras atravesábamos su ladera, observamos una linea que se dibujaba entre las rocas que sin saber si iba a tener un final accesible nos pareció interesante “mirar”.

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El mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subirla. Podíamos haber subido por su cara opuesta sin grandes dificultades, pero entonces no hubiese merecido la pena este fin de semana.

El corredor conforme subía giraba a la derecha escondiéndose por las rocas que tapaban su parte final, y lo que te encontrabas en el giro es que esa pendiente, que al principio parecía asequible, iba ganando angulación según avanzaba.

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La nieve estaba muy blanda en la parte final y dificultaba la ascensión, pero sólo nos separaba unos metros del final del corredor, así que había que pretar dientes y subir como fuese. Y llegamos… pero arriba no había nada… Así que, con resignación, tocaba bajar por el mismo sitio que habíamos subido. Y con paciencia y con calma (ir asegurado por David también daba confianza) fuimos deshaciendo todo lo que habíamos subido.

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El resto fue llegar a un collado detrás de la Tuca Blanca para parar a comer y viendo la situación de nubes negras que venían, intentar bajar lo más rápido posible. Aún así, la nieve y la lluvia nos cogió en las pistas, pero volver fue mero trámite.

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Marcos.

Vídeo cortesía de David: Another day in Candanchú.

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