Estímulos.

Suele pasar que cuando te pones frente al ordenador dispuesto a escribir algo digno que se pueda “publicar”, la hoja se quede en blanco. Y es que para los que no nos vamos a ganar el pan con esto de teclear, necesitamos de un estímulo que nos encienda esa bombillita que indica: ahora chaval, escribe eso que sientes, no te asustes, pero intenta ponerlo con palabras bonitas, que sino no lo va a leer ni tus familiares.

Hace semanas que no salgo a la montaña, así que ese estímulo culpable de todas mis líneas está desaparecido. Despistado u oculto. No lo sé. Voluntaria o involuntariamente, creo que tampoco lo sé.

Estrés. Lo llamo así porque queda más bonito, aunque bien podría decir “no tener tiempo para hacer lo que realmente quieres hacer”. El caso es que es un poco cabrón. Y mis nuevas zapatillas de running me están mirando con cara de desesperación por ser estrenadas.

Pero que no, que la culpa de la falta de ese estímulo no se la vamos a echar a él, que no tiene nada que ver.

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Motivación. Que me sale mi vena académica; se me perdone. Pero decidme cuantas veces habéis intentado hacer algo sin nuestro amigo acicate y habéis fracasado. O bien lo habéis conseguido pero habéis fracasado igual, porque no disfrutasteis un carajo.

Ya te puedes programar entrenamientos, salidas, vías, rutas y travesías; que como ese maldito impulso que te quema no brote dentro de ti, vas a seguir con el culo plantado en tu silla. Cómoda, eso sí.

Y puedes seguir poniéndote excusas: “es que no me encuentro bien”, “me falta tiempo para entrenar”, “la mochila me pesa demasiado”, “no es normal que vaya a este ritmo”, “este camino es muy complicado”, “es que hoy es sábado y los sábados se me dan mal…”; que lo que te pasa es que te falta motivación, o cojones para sufrir, y ganas para hacer lo que decías que querías hacer.

Puedes seguir engañándote, o puedes empezar a despertar ese jodido estímulo que va a desencadenar todo lo que esté por venir.

Lo mejor está por llegar, suele decir un amigo. Y bueno, al final parece que no se ha quedado la hoja en blanco.

Fíjate, creo que es un buen momento para estrenar las zapatillas.

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Nos leemos en la próxima. Hasta entonces ya sabéis… estímulos, y pura vida.

 

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