Matterhorn: El laberinto rocoso.

“Creo que este pico está en el límite de nuestras posibilidades.”

Lo pongo entre comillas, pero es mi voz desde el primer momento que se planteó intentarlo.

Y es que a veces hay que ir al límite para saber dónde está. Sino, nos pasaríamos la vida estancados en el mismo punto de partida. En nuestra zona de confort. Ahí, invulnerables pero conformistas. Saciables.

Creo que el Matterhorn, o Cervino para los italianos, no necesita presentaciones. Cualquiera que sepa algo de montaña lo conoce; y cualquiera que no sepa absolutamente nada de montaña la ha visto comiéndose un Toblerone. De pequeños todos hemos dibujado esa forma puntiaguda. Pues así es como debe ser una montaña. El que imaginó una cumbre seguro que pensó en una línea similar. Seguir leyendo “Matterhorn: El laberinto rocoso.”

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Salvador

Como toda buena serie policíaca, esta historia comienza con la llegada de un nuevo compañero. Salvador.

Salvador viene a cubrir el hueco que dejó mi anterior colega, “Tiburón”.
Tiburón era un tipo rápido, ágil y con mucho nervio. Su aspecto no pasaba inadvertido y su personalidad, arrollaba. Le llamaban así a causa de un bulto con forma de aleta en la chepa. Bonito no era, pero remataba su carácter.

Tiburón y yo recorrimos muchos kilómetros juntos. Cruzamos España de este a oeste unas cuantas veces; en verano, en invierno, de día y de noche. Viena y Bolonia fueron nuestras dianas más lejanas, y cuando necesitábamos una desconexión, la cornisa cantábrica era nuestro patio de recreo. Seguir leyendo “Salvador”

Tormenta en Cregüeña.

La mochila pesa, aunque menos que otras veces. Creo que tengo menos fondo físico que el año pasado, o simplemente es mi sensación. Me hubiera gustado haber entrenado más,  pero de una manera u otra, he hecho lo que me apetecía hacer. Sin obligaciones. Estoy feliz.

Me encuentro bien subiendo las terribles cuestas pedregosas que conducen al maravilloso ibón de Cregüeña, en el Valle de Benasque. El ritmo es lento, no hay ninguna prisa, y amenizamos las cerca de cuatro horas de recorrido con conversaciones eternas y juegos varios. Cada día que pasa tengo más claro como quiero hacer montaña. Pasar cuantas más horas mejor, dormir, parar, reír. Mirar; mirar y observar. Respirar. Seguir leyendo “Tormenta en Cregüeña.”