Seguimos sufriendo, seguimos disfrutando.

Parece contradictorio, pero dista mucho de estar opuesto.

Llevamos unos cuantos años subiendo montañas, conocemos donde está nuestra zona de confort. Creemos saber donde está nuestro límite momentaneo, donde fallamos, qué nos cuesta aprender, qué es lo que nos gusta.

Pese a conocer, o conocernos a nosotros mismos en este medio hay algo que nunca cambia. Seguimos sufriendo y disfrutando por igual. Seguimos mejorando, repitiendo los mismos errores y sobretodo, tenemos claro que este mundo es lo que nos llena.

No valoramos, o eso pienso, lo que tenemos en el «patio de casa». Ansiamos largos viajes para conocer mundo, nuevos valles y montañas cuando a la vuelta de la esquina tenemos una zona de recreo con infinidad de juegos donde correr, escalar, esquiar, descender por barrancos, etc…

Da igual qué deporte elijas, en cual quieras centrarte para seguir mejorando. Siempre llegará un momento en el que tus piernas se bloqueen, tu cuerpo tiemble o tu cabeza se pare. Sufrirás, querrás que pase esa sensación, abandonar se convertirá en una tentación. Pero seguirás adelante, avanzarás, la sensación de estrés y sufrimiento pasará a convertirse en un sentimiento de superación personal.

Es esta sensación la que recorre tu cuerpo igual que cualquier otra droga. Lo que nos hace seguir queriendo subir a este patio de juegos cada semana. Una sensación que nunca acaba. Nunca dejamos de aprender, nunca dejamos de mejorar, no dejamos de sufrir, no dejamos de disfrutar.

Nos vemos en la próxima, o en la montaña…

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