Vía del Bolo (6a+) al Mallo Cored || Riglos

Hay muchas vías en mente por hacer en Riglos. Pero Riglos siempre suena a grande. A respeto y prudencia.

Y como al igual que para correr, primero hay que saber andar; para escalar en los mallos de mayores, no viene mal tachar vías que por ahora están un poco más al alcance de nuestra mano.

Javi, nueva incorporación en nuestro particular “Al Filo”, y un servidor nos preparamos para una buena dosis de boloterapia.

Nos dirigimos al Mallo Cored, para escalar la Vía del Bolo. Cinco largos perfectamente equipados con una dificultad máxima de 6a o 6a+, depende de quién lo mire.

A pie de vía, un bolo característico de unas dimensiones considerables indica el inicio de la misma.

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Repartimos la vía y, con la idea de intentar hacer dos de ellas en el día, empalmaremos largos: los dos primeros para mí, los siguientes para Javi, y el último ya veríamos.

Así, me cuelgo las cintas y miro para arriba. Comienzo con fuerza y a la cuarta chapa me doy cuenta de que la pared desploma, y es que me tengo que colgar a descansar.

El largo es brutal, los bolos a coger son espectaculares; y es una pena no estar fuerte para hacerlo seguido sin reposar.

Alcanzo la reunión del primer largo y lo uno con el siguiente, bastante más sencillo, aunque con un paso “tonto” antes de salir a la R2, primera para nosotros.

Javi empalma los dos siguientes, que uniéndolos se queda en un largo de V grado que intercala zonas tumbadas con zonas más verticales, pero generosa de manos.

Antes de llegar a la reunión del cuarto largo, veo que retrocede, destrepando unos metros hacia una reunión auxiliar que hay un poco más abajo. Me pregunto qué narices hace, hasta que se gira y afirma: buitre de dos metros.

Monta la R y subo hasta allí, para que me cuente la anécdota del día: un nido de buitre, con sus respectivos ocupantes, se encuentra justo enfrente de la reunión principal, la que da acceso al último largo para ascender al mallo Cored.

Subo los pocos metros que separan la reunión del nido, por el mero hecho de corroborar lo que ya se sabía: apenas asomo la cabeza cuando veo los ojos de nuestro amigo.

Montamos dos rápeles, aprovechando la vía Oeste Clásica, para volver a tierra firme cuando el sol pega con fuerza.

Tocará volver, para acabar lo que empezamos. Aunque estoy seguro que si el nido no se hubiera encontrado justo en la reunión, podríamos haber continuado la vía.

Supongo que escaladores y buitres han convivido y conviven sin mayores problemas,  y no creo que haga falta pregonar a los cuatro vientos que se prohíba la escalada porque “es su casa y les molestamos“, cuando seguramente baste con darse media vuelta y sonreír por lo encontrado.

Únicamente hace falta algo que de manera progresiva está desapareciendo en la sociedad: Respeto.

Porque en ocasiones, tengo la extraña sensación de que estamos más pendientes de hacer ver a los demás qué es lo que pensamos y de qué lado estamos, que de pararnos a pensar en lo que sentimos. Y en empatizar.

De estar más preocupados de demostrar que somos buenas personas, que de serlo en realidad.

Mientras, procuraremos seguir escalando, por si las moscas.

Hasta entonces, ya sabéis: Respeto, y pura vida.

David.

dav

nor

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