El Templo de los Sueños (6b+) || Peña Predicadera

«Vivir a la deriva.

Sentir que todo marcha bien.

Volar siempre hacia arriba,

y pensar que no puedo perder.»

El templo de los sueños es el nombre de la vía. La crónica se escribe sola.

Esta ingeniosa línea recorre la pared de Peña Predicadera, buscando sus zonas más vulnerables; pues en el oeste de la muralla, donde nos encontramos, cualquiera de las vías que se nos cruzan parecen de mírame y no me toques.

Con esto, podemos caer en la equivocación de que esta vía es sencilla. Sus dos largos de 6b+ dan la máxima dificultad; y su V+ obligado, es de esos que hay que lucharlos; y es que aunque abuses de coger cintas, debes escalar entre ellas. En definitiva, que regalos los justos.

Y a los pies de la vía, frente al primer largo color naranja típico de Riglos, no encontramos Alberto y un servidor, dispuestos a salir por arriba, escalando la que será nuestra vía de largos más difícil hasta la fecha.

Supero los primeros metros (V) sin apenas apuros, salvo un paso con tendencia a derechas para llegar a la reunión, que se encontraba mojado de las pasadas lluvias.

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Aquí cambiamos material, ya que será Alberto quién abrirá los largos más complejos.

La salida de la R en el largo 2 es fina, y mi compañero aprieta como sólo él sabe para superarlo. Tras un pequeño desvío a la izquierda, se asoma a una placa mucho más amable que la anterior. Después de unos metros de descanso, llega al paso clave del largo en el que, después de mirarlo un par de veces, decide superarlo en Ao, ya que parece un grado algo mayor a 6b+. Además, quedan muchos metros por arriba, y no tiene sentido gastar fuerzas en un paso, para después quedarte sin energía.

Tras montar la R, es mi turno. Era totalmente consciente de dónde me metía, y de que ese grado de vía se me escapa, por lo que, sin dudarlo demasiado, supero la salida acerando, al igual que el paso clave, que ni siquiera lo intento.

El largo 3 (6b+) encara el espolón de manera directa, tremendamente atractiva, y llamativa. Algo más sencillo que el anterior, exige superar dos pasos clave en un par de panzas. El resto, escalable.

Un amplio balcón nos deja en la siguiente capa del pastel; y Alberto me deja disfrutar. Junto largo 5 y 6 (V y V+, respectivamente) escalando cincuenta y cinco metros de puro placer para el cuerpo. Tras una travesía a la derecha, la vía se introduce en una chimenea superando un paso más complejo, y la afronta de forma vertical, poniendo a prueba nuestros gemelos, pues tendremos que escalar unos treinta metros con una pierna a cada lado de la pared. Una delicia que te hace sentir un poquito más escalador.

Unos metros de cresta donde el viento arrecia por ambos lados, pone el punto final al Templo de los Sueños.

Apenas podemos estar en la cima, pues el vendaval y el frío se incrementan.

Cualquiera podría pensar, harto equivocado, que qué sentido tiene subir, si no puedes permanecer arriba. Y no entenderán, que lo que lo hace especial es el camino, y no el final. Que no subimos para luego bajar. Que nosotros bajamos, para volver a subir.

Algo incomprensible…

Nos leemos en la próxima.

Hasta entonces, lo de siempre: Caminos, y pura vida.

David.

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