Memorias escaladoras II:

Meditación vertical.

Es un V+, grado que debería estar controlado, y que sirve para calentar. La primera vía siempre cuesta, o por lo menos esa es la excusa que se suele poner cuando no te encuentras del todo a gusto. Asciendo algo dubitativo, pero lo hago. Porque muchas veces consiste en tirar hacia delante, o hacia arriba en este caso, aunque las dudas se te coman por dentro.

Nos desplazamos a la vía de la derecha, 6a. Tres agujeros negros, colocados en una ascendente diagonal perfecta hacia la izquierda, parecen puestos de manera artificial. Si llegas cambiado de manos al último de los tres agujeros, prepárate para jurar. Pero si, tras estudiar concienzudamente la secuencia, alcanzas el mismo con la mano derecha, tan sólo tendrás que subir el pie izquierdo, apoyándolo con decisión, montarte en él y sacar la mano izquierda bien arriba, a un buzón. A partir de ahí, escalera hasta la reunión. ¿Tan sólo, he dicho? La encadeno, pero apretando los dientes.

Turno para el 6a+, probado un par de veces hace unos años, denegado y no encadenado por culpa de la cabeza del escalador que escribe, como suele ser en la mayoría de los casos.

Hago la primera parte muy concentrado, y es que no es especialmente difícil pero puede hacerte malgastar energías si no vas muy claro de pies. Una vez alcanzo la repisa que precede al paso en cuestión, me tomo mi tiempo, y repaso exactamente lo que voy a hacer. Y después, ¿qué hay que hacer cuando sabes lo que hay que hacer? Pues hacerlo. Aunque a veces no es tan sencillo.

Coloco los pies en dos puntas diminutas, reboto a una regleta en la que caben las dos manos. Una vez ahí, muevo los pies para poder sacar la mano derecha a una presa que se coge de hombro (se llama así cuando agarras de manera lateral y notas que tu hombro va a explotar; el nombre le viene al pelo). Junto manos en un buzón más arriba, y con cuidado, voy desplazándome hacía la derecha y arriba para salir de la panza. Y reunión.

A la derecha hay un 6b, habrá que intentarlo. Mi compañero coloca las chapas, y nos chiva el truco. La vía es calcada a la anterior, quizás la llegada a la repisa exige esforzarse más físicamente, pues inclina ligeramente hacia atrás. Tras la repisa, los pasos son prácticamente idénticos, más limitado de pies, puesto que a la derecha no hay nada. Alcanzo la reunión gritando y jadeando por la tensión, por el miedo a fallar, por anotar un 6b más…

Cambiamos de zona y, antes de poner rumbo a casa, encadenamos tres vías más (V, 6a y 6a+) totalmente a bloque, pues apenas son cinco cintas hasta la reunión.

¿El resumen?

Hay días en los que sientes que no puedes fallar. Que los pies casi van solos, y las manos agarran y no sueltan. Que tu cabeza, aún con las dudas de siempre, fluye. Y tu cuerpo le sigue.

Hay días en los que toda la frustración y esfuerzo anterior, tiene su recompensa.

Hay días que parecen irreales. Y son por los que hay que luchar y buscar en cada momento.

Nos leemos en la próxima.

Hasta entonces ya sabéis: Meditación, y pura vida.

David.

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