Maladeta Oriental (3.308m) || Valle de Benasque

Siempre había dicho que si algún día subía a la Maladeta sería mediante esquís. Esa inmensidad de palas, tan sostenidas y anchas, no podían descenderse andando. Me negaba a ello. El único problema era que por aquel entonces no tenía equipo de travesía, ni tan siquiera sabía foquear, ni esquiar en condiciones (esto último sigue igual).
Pero resulta que este año de encierros temporales me ha servido para aprovechar el tiempo al máximo, y focalizar mis energias y ganas hacia esos planes anotados en la libreta.
Los días previos a Semana Santa esquiando por zonas más técnicas de lo que venia haciendo (Tempestades, Feniás, Hoz de Jaca…) me dieron la confianza necesaria como para saber que podíamos poner nuestros ojos y corazón en los 3.308 metros de la Maladeta Oriental.


Así que, sin apenas preguntar, reservé cuatro plazas para el refugio de la Renclusa. Y como tengo la suerte de juntarme con gente igual o más entusiasta que yo, no tardaron en acompañarnos a Ari y a mí, Javi y Blanca. Bastaron también tres WhatsApp para que Mark se sumara al equipo.
Ya les había liado. Ahora solo había que ponerse en marcha.
Subimos al refugio por el camino de invierno y, como aún quedaba tarde, ascendimos unos metros más, dirección Paderna, para esquiar un poco antes de cenar y dormir.
Supongo que el exceso de energía hizo que Mark y yo saltásemos de la litera cuando sonó el despertador; aunque la verdad es que siempre hemos sido así de madrugadores. Mientras, el resto del equipo se desperezaba poco a poco.
Con las primeras luces emprendimos el camino al glaciar, buscando siempre la ruta más tumbada, más sencilla, menos agotadora, y más segura. Y marcando un ritmo constante que nos permitiera hablar, disfrutar, y respirar. Creo que lo conseguimos.
Así, nos plantamos en la base del corredor, sin nadie por delante, y aparentemente nadie por detrás.
Una canal bien escalonada por huellas anteriores ascendía en diagonal hacia la derecha en busca de la otra vertiente. Justo ahí, el Sol ayudaba a controlar la temperatura que el viento deseaba bajar. Apenas unos metros en terreno mixto nos llevaban a la cima, para alimentar una vez más ese ansia de paisajes que enamoran.
En demasiadas ocasiones se peca de relatar la subida, excluyendo egoistamente los detalles de la bajada. Pero en este caso, esos primeros 400 metros de desnivel sobre nieve polvo nos hicieron flotar y disfrutar como nunca, teniendo en cuenta nuestra corta experiencia en skimo. Seguiamos descendiendo por las palas que nos llamaban más la atención, deseando que eso no acabara nunca.
Aunque quizás lo bonito sea que todo tenga un tiempo limitado. Para poder exprimirlo y saborearlo con intensidad, entiendiendo que, cuando acabe, habremos dado vida a cada efímero segundo.

Gracias a Javi, Blanca, Ari y Mark por decir sí a «mi» plan.
Y mención especial para Ari, por merendarse su primer tresmil invernal, con esquís y con un corredor de por medio, con esa autonomía y seguridad.
Y para Blanca, por su primer tresmil. Por superar sus dudas y sus miedos.

Nos leemos en la próxima.
Hasta entonces ya sabéis: muchos síes, y pura vida.
David.

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