Gran Diedro (V+, 210m) || Pico Russell (3.207m)

Si el esquí de montaña me ha permitido unir dos actividades maravillosas, teniendo experiencias mucho más enriquecedoras en el Pirineo; juntar largos paseos en alta montaña con escalada es, sin lugar a dudas, lo que más me gusta hacer.

Aproximar a una pared, a más de tres mil metros, y ascender por un marcado diedro a una cima principal, es un plan difícilmente igualable. Tanto a nivel deportivo como emocional.

Tras alcanzar altos niveles de adrenalina en el descenso del barranco de Eriste (https://www.youtube.com/watch?v=YkosKhEcpm0) junto a Mark; Javi y yo acudimos a Senarta y así preparar todo el material necesario para los próximos dos días.

Así, el domingo a las 7:15 de la mañana cogemos el bus que nos dejará en el refugio de Pescadores, donde comenzamos la larga pero preciosa aproximación hasta la pared suroeste del Russell.

Pasado el ibón de Llosas, y su ibonet unos metros más arriba, vamos en busca del vivac cubierto, donde dejamos todo aquello que no usaremos en la escalada, y donde pasaremos la noche a la bajada.

Como suele ser normal en nuestro caso, no somos los mejores encontrando el camino ni siguiendo un track, así que la aproximación del vivac a la base de la pared se hace un poco más pesada de lo que debería haber sido, pues acabamos dando un rodeo por la derecha y saliendo al camino principal apenas cincuenta metros por debajo del comienzo de la vía.

Supongo que lo que nos despistó es que en abril de este mismo año ascendimos al Tempestades con esquís de travesía y acabamos siguiendo la ruta “normal” en invierno. Es curioso por donde eres capaz de subir y bajar cuando la nieve tapa el terreno y da esa sensación de falsa seguridad.

La vía consta de cinco largos, donde los tres primeros son mantenidos en cuanto a grado; el cuarto es más sencillo; y el último simplemente te lleva a la parte final de la ascensión al pico por terreno muy descompuesto.

Javi me deja hacer los honores, y yo estoy encantado, porque siempre me gusta empezar de primero.

El largo 1 es el más difícil en cuanto a grado (V+). Comienzo por una laja anaranjada que me lleva a un gran bloque de roca lazado. Aquí, se realiza una travesía a la derecha buscando el pequeño muro vertical. El parabolt nos indica el camino. Superado este paso, se sale a la placa final previa a la reunión. Cuanto antes salgas dicha placa, más fácil se resuelve estos metros. Una vez ahí, aseguro a Javi recogiendo los pocos seguros propios que hemos puesto en este largo.

Es el turno de Javi, y asciende ahora sí por el marcado diedro que no abandonaremos hasta el final de la vía. A mitad de largo se supera un pequeño techo por la izquierda donde cada uno lo hace de diferente manera.

El largo 3, siguiendo con la tónica, son cincuenta metros de V, de esos que te hacen sentir escalador. Utilizo casi todo el material que llevamos y, tras salir a la izquierda buscando la placa final, alcanzo la reunión con la satisfacción de haber hecho un largo espectacular. Javi viene por detrás, y consigue recuperar un microfriend que quería quedarse ahí (se ve que aún somos bastante novatos en esto de meter cacharros).

Los próximos metros tienen una dificultad de IV+, continuando el diedro y montando la reunión en una gran repisa.

A partir de aquí, hacemos un pequeño largo en zapatillas en el que hay que prestar mucha atención con la cantidad de roca suelta del terreno, y donde es prácticamente imposible no tirar nada.

En apenas cinco minutos llegamos al punto más alto de la cima principal del Russell, y Javi y yo nos felicitamos por la magnífica actividad que acabamos de hacer.

Ahí arriba, mis ojos vuelan a la otra vertiente, por donde nace la cresta Salenques y continúa por la cima Tempestades hasta el Aneto. Hace apenas unos años, veía esa actividad como algo inalcanzable. A día de hoy, se que estoy un poquito más cerca de poder plantearme algo así.

Pero rápidamente bloqueo esa maldita sensación de siempre querer más, porque la escalada que habíamos finalizado es una actividad cinco estrellas. Seguimos los hitos que nos llevan a la canal de bajada mientras poco a poco vamos recordando y siendo conscientes de lo que acababa de suceder:

EL Gran Diedro del Russell es ya una clásica del Pirineo, y es que, mientras nos acercábamos a pie de vía, tres cordadas estaban por encima de nosotros. Al día siguiente, vimos por lo menos otras dos cordadas que querían escalarla.

Como ya hemos comprobado en otras ocasiones, hay que estar un poquito por encima del grado que exige este tipo de vías para poder disfrutarlas en condiciones. Tras una larga aproximación, con las piernas cansadas, con peso en la mochila, y en un terreno complicado, no se escala igual vías de deportiva a cinco metros en una pradera de hierba.

Una más para la lista infinita. Una más en la retina. Una más en el corazón. Meditación vertical.

Nos leemos en la próxima, hasta entonces ya sabéis: montaña, y pura vida.

David.

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