Canaletas Centrales (200m, V+) || Pico Fenez

14/07/22

Justo hoy se cumple un año de nuestra escalada al Picu Urriellu. Cumplí un pequeño sueño, y justo hoy, cosas del azar, he vuelto a revivirlo.

Una dura temporada, donde ha habido más sombras que luces, y en la que la felicidad iba apareciendo a cuentagotas, me ha hecho exprimir cada oportunidad de poder salir ahí fuera con unas ganas desmesuradas. Y esta ocasión no iba a ser diferente.

Es difícil encontrar a gente que acepte este tipo de planes. Principalmente porque exige andar muchas horas, escalar otras tantas, y pasar (por qué no) un poco de miedo. A quien le gusta escalar prefiere hacerlo cerca y andar menos; y al que le gusta patear, prefiere no atarse a ninguna cuerda.

Esta vez, Mark no se lo piensa mucho y accede de buen grado. Ya la hemos liado.

La aproximación habría sido mucho más dura sino fuera por la charla constante, poniéndonos al día tras tiempo sin hacer nada juntos. Aún así, algo más de dos horas, y algo más de mil metros de desnivel sin absolutamente ningún tipo descanso ni zona llana donde poder coger aire.

Nos plantamos en la base de la pared, y resulta tan evidente la línea que ni siquiera nosotros, maestros en perdernos, lo hacemos.

L1 (40m), el más sencillo (IV-). Canalizos por doquier, donde el friend nº 2 y 3 entran a la perfección. Son tan grandes que el nº 4 también entraría, pero no lo tenemos. Me imagino de nuevo en Picos de Europa. ¡Qué maravilla de sitio!

L2 (40m), para mí el más duro (V+). No se si encaré mal el inicio y debería haber ido de izquierda a derecha; el caso es que salgo recto de la R para coger el canalizo central que está tras superar un pequeño techo, y esos metros por una placa con escasos agarres me hacen sudar frío. Después de este paso, canalizo gigante que no se abandona hasta el último largo.

L3 (40m), misma tónica que el anterior (V+). Había leído en varias reseñas que la placa final de este largo era el paso clave de la vía. Antes de montarse a dicha placa, hay un clavo que permite engañar a la cabeza y templar nervios. Se supera el seguro, y se realiza una travesía sobre regletas hacia la derecha, en busca de una pequeña fisura donde caben microfriends (más pequeños que el alien verde. Fue muy divertido cuando vi que no entraba…). De ahí dos pasos más también sobre regletas y alcanzamos la R3.

L4 (30m), finalizan los canalizos (IV+). Paso desplomado con buenas manos y un paso de placa que parecía más difícil de lo que luego es. Lazo al único bloque que no tiene pinta de caerse, y finaliza la escalada.

Una vez ahí, sesenta metros en diagonal hacia la derecha para alcanzar la arista y volver a tierra firme.

La satisfacción de haber encadenado esta vía en la que apenas hay tres seguros fijos (sin contar con las primeras tres reuniones), después de estos últimos meses complicados, es inmensa.

La bajada se hace larga, y como suele ser habitual, entre el agotamiento, calor, hambre y sed, la conversación es con uno mismo, reviviendo lo que acaba de pasar, y echando la vista atrás para ver cómo hace unas horas habías pasado por allí.

Al día siguiente, Mark toma los mandos y descendemos el barranco Ordiso, en el que será mi primer barranco de la temporada. Acuático, divertido, muy bonito, frío y sin complicaciones (yendo con gente que sabe si no eres tú el que controla), como en toda actividad de montaña.

Buena manera de comenzar el tan ansiado verano.

Nos leemos en la próxima. Hasta entonces ya sabéis: montaña, y pura vida.

David.

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