Cresta de la Pez al Gran Bachimala || Valle de Chistau

Para vivir momentos mágicos hay que moverse. Todos queremos estar en lo más alto y contemplar el paisaje. A veces, desearíamos poder subir sin tener que pagar un pequeño peaje. Sin esforzarnos. Sin dar lo mejor de nosotros. Quizás lo difícil de esto sea entender que ser capaz de disfrutar del camino es tan o más importante que ser feliz en la cima. No tengo claro que siga hablando de montaña…

No podemos pretender disfrutar de la vida sin estar dispuestos a sufrir proporcionalmente, decía Juanjo San Sebastián en su libro “Cita con la cumbre”.

De sufrir los montañeros saben un poco y, puesto que seguimos en el proceso de alcanzar a esa categoría, nosotros no íbamos a ser menos.

Después de demasiado tiempo sin juntarnos, Fer, Espa y un servidor, salimos de Zaragoza antes de las 5 de la mañana, dirección Refugio de Tabernés, situado en un tan olvidado y alejado valle para nosotros. 

Este refugio me trae grandes recuerdos puesto que, de una forma u otra, es donde nació la idea de este blog.

Hace frío. Los primeros pasos se hacen duros. Los mismos pasos que nos llevan al Puerto de la Pez, antes de desviarnos hacia los ibones de Bachimala.

Una constante subida nos deja, tras una canal descompuesta, en el filo de la cresta, y en nuestra primera cima: Pico de la Pez, 3024m.

Tras el esfuerzo para alcanzar la arista, ésta nos regala en apenas cinco minutos el segundo tresmil: Pico Puerto de la Pez.

El camino se vuelve algo más exigente, y obliga a prestar atención en las continuas trepadas y destrepes para llegar al punto más alto del Pico Abeillé.

Nos movemos en terreno sencillo pero comprometido, a una altura constante de tres mil metros. El viento es fuerte, y la temperatura se mantiene baja. Desde aquí, la cresta hace un giro de 90º, para llevarnos, sin dificultades al Pico Marcos Feliu, y posteriormente al Pequeño Bachimala y Punta del Ibón.

Un merecido descanso nos permite contemplar lo que nos queda por delante. Punta Ledormeur (3120m), y el punto más elevado de la ruta: Gran Bachimala, con sus 3177m.

Con especial atención recorremos este último tramo, primero descendiendo unos metros por un resalte, y luego trepando una zona muy descompuesta, donde lo más difícil es no tirar nada al de debajo.

En la cima las vistas son increíbles. Una panorámica 360º que te permite disfrutar de todo el Pirineo. Los colores del otoño ganan fuerza en el valle, mientras que la nieve todavía se muestra perezosa. El descenso completa una jornada circular de diez horas.

Hemos recorrido la cresta en soledad, y hemos pagado con gusto el peaje para poder disfrutar de la cima. También hemos sido inmensamente felices caminando por el filo.

Para vivir momentos mágicos, teníamos que movernos.

Nos leemos en la próxima. Hasta entonces ya sabéis: libertad y pura vida.

David.

¡AQUÍ UN PEQUEÑO VIDEO!

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