Cresta del Borón (V) Espolón Este || Vadiello

Último día del año. Cualquier excusa es buena para exprimir tu pasión, así que sin dudarlo demasiado Revu y un servidor nos plantamos en Vadiello, justo cuando el sol comienza a iluminar las paredes de conglomerado. Hay dos coches, tres con el nuestro. No veremos a nadie en toda la jornada. Tan solo escucharemos el vuelo de los buitres, y el sonido de las piedras precipitándose al vacío. Absoluta soledad en tiempos de aglomeraciones.

En apenas veinticinco minutos nos plantamos en el inicio del Espolón Este que da acceso al filo de la cresta. Para llegar allí, diferentes vías nos permiten elegir nuestro camino.

Optamos por la entrada Original (V) pero, como suele ocurrir en este tipo de escaladas, puede que acabes haciendo un mix de varias vías, y es que es importante mantener la calma, navegar por el muro y buscar el camino que consideras correcto. En nuestro caso, y aunque la reseña marca tres largos, lo hacemos en dos.

Comienzo L1 por una rampa llena de vegetación y con una de las peores rocas que he escalado en mi humilde experiencia. Húmeda, fría, y rota por completo. Aún así, con sumo cuidado, abro 35 metros navegando entre izquierda y derecha pero sin perder de vista la línea del espolón y el característico diedro naranja por el que tendremos que pasar. Paso de placa que da el grado al largo (según reseñas IV+). Monto R en una sabina protegida con un spit.

Continúo L2 por el espolón en busca del diedro, que protejo con un camalot rojo y el taco de madera. Desde aquí, travesía hacia la derecha, usando la gran repisa que sirve de WC para los buitres, y así montarnos en la cresta del Borón, propiamente dicha (V).

Los siguientes metros los realizamos en ensamble por el estrecho filo de la cresta. Avanzamos poniendo seguros intermedios, pues la roca sigue siendo de dudosa calidad, y no es un sitio que permita muchos errores. A pesar de ello, el ambiente es espectacular. Con vistas hacia el embalse, y las curiosas formaciones de roca de este lugar. Vadiello es un pequeño paraíso.

Tras los dos primeros largos de entrada

Un resalte de 25 metros (IV+) nos obliga a realizar un largo de cuerda hasta montar otra reunión improvisada, que nos llevará, de nuevo, a otro resalte de 20 metros (V) protegido por tres clavos.

Aquí arriba, la cresta «muere» en verticalidad y forma, conduciéndonos, en tres sucios (por vegetación y línea) rápeles a la canal de bajada.

Pensábamos que iba a ser un paseo, pero como acostumbra a ser este mundo, nunca es tan fácil como parece. Y más si cabe cuando se trata de líneas clásicas sin apenas equipamiento.

Qué maravilla sentir ese punto de aventura que únicamente dan este tipo de actividades.

Por un año lleno de ellas. Siempre en movimiento. Siempre en el filo.

Nos leemos en la próxima, hasta entonces ya sabéis: salud, y pura vida.

David.

Final de la cresta
Primero de los tres rápeles

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