Memorias karatekas I:

No sólo de montaña vive el hombre…

“Me coloco las protecciones. Espinillera izquierda, espinillera derecha. Mismo proceso con los patucos. El peto agobia, pero es obligatorio. Guantillas y bucal. Todo listo.

Me muevo con dificultad. Me gusta la simpleza en el combate, en sentirme ligero, rápido y ágil, sin tantas cosas que me limiten el movimiento. Aunque también prefiero no tener lesiones ni marcas desagradables, así que no me quejo. Seguir leyendo “Memorias karatekas I:”

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Memorias escaladoras I:

Me alejo de la pared. Doy varios pasos hacia atrás para poder ver la vía con perspectiva. Visualizo cada paso, imagino cómo serán los movimientos, muevo las manos en el aire como si estuviera sintiendo la roca. Me dan consejos que ayudan, pero aún no sé a ciencia cierta cómo van a ser los cantos. Nunca he pasado por ahí.

La roca, negra como el carbón, por suerte no era señal de lo que estaba a punto de suceder.

Abro el pie derecho, bien arriba. Cargo todo mi peso ahí, para crispar, con la mano derecha, una regleta, que se hace cada vez mejor cuanto más alto la cojas.

Coloco pies. Mano izquierda a un agujero decente, derecha a otro un poco peor. Una voz que viene desde abajo grita: “¡Rebota al agujero de arriba!”. Y así lo hago, aunque estoy cerca de caerme.

La pierna izquierda empieza a temblar, por la tensión. La misma voz de antes me dice que respire y haga fuerza a ese pie. Me enfada que tiemble, pero es un movimiento involuntario. Quito el pie de su posición, lo sacudo un poco mientras respiro y grito “No tiembles, joder”, y lo vuelvo a apoyar.

Y llego al último paso “difícil”. A partir de ahí, la pared tumba.

Y lo pongo entre comillas, porque no lo es en realidad, pero voy bastante agotado. Tengo que reposar, abusar de magnesio y mirar bien los apoyos porque no quiero fallar.

Subo pie izquierdo, mano derecha, y estoy fuera.

Chapas, y no eres consciente de que lo haces.

Y supongo que en eso consiste escalar. En progresar por la pared en un baile vertical, sin pensar en qué ocurriría si fallaras, si cayeras.

En ascender, centrándote única y exclusivamente en lo que tienes por encima.

Y fluir hasta la cadena.

Y no poder celebrarlo, porque te tiemblan hasta las pestañas.

Superarte. Ganarte, una vez más.

Nos leemos en la próxima. Hasta entonces, motivación y roca.

Y pura vida.

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Seguimos sufriendo, seguimos disfrutando.

Parece contradictorio, pero dista mucho de estar opuesto.

Llevamos unos cuantos años subiendo montañas, conocemos donde está nuestra zona de confort. Creemos saber donde está nuestro límite momentaneo, donde fallamos, qué nos cuesta aprender, qué es lo que nos gusta.

Pese a conocer, o conocernos a nosotros mismos en este medio hay algo que nunca cambia. Seguimos sufriendo y disfrutando por igual. Seguimos mejorando, repitiendo los mismos errores y sobretodo, tenemos claro que este mundo es lo que nos llena. Seguir leyendo “Seguimos sufriendo, seguimos disfrutando.”

Tormenta en Cregüeña.

La mochila pesa, aunque menos que otras veces. Creo que tengo menos fondo físico que el año pasado, o simplemente es mi sensación. Me hubiera gustado haber entrenado más,  pero de una manera u otra, he hecho lo que me apetecía hacer. Sin obligaciones. Estoy feliz.

Me encuentro bien subiendo las terribles cuestas pedregosas que conducen al maravilloso ibón de Cregüeña, en el Valle de Benasque. El ritmo es lento, no hay ninguna prisa, y amenizamos las cerca de cuatro horas de recorrido con conversaciones eternas y juegos varios. Cada día que pasa tengo más claro como quiero hacer montaña. Pasar cuantas más horas mejor, dormir, parar, reír. Mirar; mirar y observar. Respirar. Seguir leyendo “Tormenta en Cregüeña.”

Abstinencia.

Abstinencia: Acción de abstenerse o privarse de alguna cosa.

A que acojona. Suena terrible. Privarse de algo, vaya tontería, pudiendo tenerlo todo ¿Verdad? O no. Porque no se puede tener y hacer de todo. Porque el que mucho abarca poco aprieta. ¿O sí?

A lo que vamos, que me voy por las ramas. 18 de junio de 2017. Faltan dos meses para el gran objetivo deportivo del año. Para recorrer una salvajada de kilómetros y llegar a Zermatt; para aclimatar, subir al refugio e intentar, al día siguiente, escalar el Cervino; y para volver, enseñar fotos y vídeos y contar una experiencia más, con cima o sin ella. Seguir leyendo “Abstinencia.”