Currucuclillo (230m/6a+) || Mallo Frechín – Riglos

“En un agujero, un murciélago duerme con las alas desplegadas. Yo también duermo colgada de mi hamaca; tres clavos sustituyen las patitas y un nailon sus alas.

Me vine a un planeta de extraplomos imposibles, donde los humanoides duermen como murciélagos. ¿pero quién duerme boca abajo?

¿Será él o seré yo?”

Todavía no tengo claro, como le pasaba a Miriam García Pascual en su libro «Bájame una estrella», quién vive al revés. Y bien es cierto que vuelvo una y otra vez al planeta de los extraplomos imposibles.

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Cresta del Borón (V) Espolón Este || Vadiello

Último día del año. Cualquier excusa es buena para exprimir tu pasión, así que sin dudarlo demasiado Revu y un servidor nos plantamos en Vadiello, justo cuando el sol comienza a iluminar las paredes de conglomerado. Hay dos coches, tres con el nuestro. No veremos a nadie en toda la jornada. Tan solo escucharemos el vuelo de los buitres, y el sonido de las piedras precipitándose al vacío. Absoluta soledad en tiempos de aglomeraciones.

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La magia de Arguis || Pared de Bones

Arguis es un lugar especial. Por mucho que hayas escalado, la primera vez que lo hagas aquí sentirás que estás haciendo otra cosa diferente. Se parece a escalar, pero no es lo mismo. Y eso es maravilloso. Además, está cerca de casa; y no suele haber mucha gente. No le veo ningún inconveniente a este pequeño paraíso.

La arenisca de Arguis tiene una adherencia excelente. Si vas a «blocar» a Albarracín, lo más probable es que vuelvas sin yemas, ¿verdad? Pues lo mismo ocurriría aquí, si no fuera porque en esta peculiar escalada, es más importante confiar en tus pies que en tus manos, principalmente porque de éstas no suele haber muchas.

La primera vía que hice en esta escuela fue Sendero Límite o Vía Ralla d’as Tiñas. Tiempo pasó, hasta que el año pasado decidí volver para recorrer la Blue Velvet. Y, como si de una peregrinación se tratase, este año acudo con Ari a Con Coco y Alicates.

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Lorenzo Ortas (6c/335m) || Peña Rueba

Me habían hablado tan bien de la vía Lorenzo Ortas que casi era obligación hacerle una visita. Tiempo atrás, sus números me generaban dudas (y respeto), por lo que no era el momento de «meterle mano». Pero, a día de hoy, me siento mucho mejor escalador que hace un año y era, sin excusas, el momento de hacerlo.

Aparcamos el coche a las 9 de la mañana. Apenas hay un vehículo. Todavía no nos hemos colocado el arnés cuando llegan tres furgonetas y dos coches más. Hoy, la temperatura es agradable, brilla el sol, y no hace viento. Hoy se escala. ¿Hay algo mejor que escalar con el sol del invierno?

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De «A Galliguera» a «La Quinta Chimenea» || Rueba y Riglos

Los cuatro días del puente de noviembre pueden quedar enmascarados por la escalada de El Puro, pero la realidad es que tuvimos algunas actividades previas muy interesantes.

Ari y yo nos dirigimos a Peña Rueba, seguramente el lugar donde más vías hemos tachado, y es que su buen equipamiento y grado amable nos permite poder hacer muchos metros y disfrutar escalando.

Esta vez, la vía elegida es A Galliguera, de Sueño Vertical y Sendero Límite que asciende al mallo de La Mora. Hace ya tiempo que este tipo de vías las repartimos a partes iguales, por lo que Ari comienza con los tres primeros largos, empalmando L1 y L2 de una tirada. Alcanza las diferentes reuniones sin inmutarse, escalando tranquila y segura. Ha progresado muy rápido en poco tiempo.

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El Puro, entrada directa (6b/200m) || Riglos

Posiblemente ésta sea la crónica más ansiada, deseada, sentida y querida desde que este blog naciese allá por 2015. Se me hace muy complicado intentar transmitir con palabras lo que viví, por todo lo que suponía para mí estar allí arriba.

Conocí Riglos antes de comenzar a escalar. Prometí que no lo visitaría sino era para trepar en sus paredes. También dije que el día que subiera a la cima del Puro podría considerarme «escalador», y que si acaso hubiera alguna razón por la que empezase en este deporte, esa era para coronarlo.

Escalar esta vía es un placer primario. Es algo obligatorio para cualquier enamorado de la escalada. Es recibir una clase de historia. Es imaginar a Bescós, Rabadá y Cintero hollar su cumbre en 1953 tras dos vivacs en la pared y mucha, muchísima valentía. Es, simple y «llanamente» (llano digo… qué mentira), maravilloso.

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