Memorias escaladoras III

Siempre que has dado tus primeros pasos en un deporte nuevo, te has sentido relativamente competente de forma rápida. Por norma general, enseguida has conseguido «dominar» lo básico y disfrutar desde el primer momento. Así que presupones que éste no va a ser diferente. Iluso.

Ávido de experiencias, conoces la escalada. Se convierte en una hermosa casualidad. Te compras material, aprendes de aquellas maneras, y te lanzas a la roca. Pasan los meses y tú ves aquello como un problema indescifrable.

Durante mucho tiempo sientes que es imposible escalar más de un V de grado. Al principio, caes en el error de pensar que te falta fuerza. Así que te pones a hacer bloque, dominadas, campus y todas esas cosas que ves en los videos de los machacas. Pero tú sigues sin mejorar.

Después, le echas la culpa a la resistencia. Cuando el ácido láctico te funde los brazos, eres incapaz de cerrar la mano, y no puedes seguir avanzando, dices que te falta continuidad. Entonces te pones a dar vueltas en el panel, como un hámster, creyendo que eso te va a permitir poder apretar durante más segundos. Pero cuando llega el momento, vuelves a colgarte, porque estás fundido.

El siguiente paso es reconocer que quizá te falte técnica. Que no sabes poner los pies y que eso te hace malgastar tus limitadas fuerzas; que no consigues leer los movimientos a realizar. La solución es fácil: escalar más. Salir más a roca. Empiezas a invertir tu tiempo, dejando otros hobbies de lado, para poder mejorar. No entiendes que pasa, pero vuelves a gritar «¡píllame!».

Sigues insistiendo, porque eres un poco cabezón, y porque te gusta mucho escalar, aunque por lo general lo pasas más mal que bien. Te juntas con gente que sabe más que tú, o con las ideas más claras, y comienzas a comprender algunas cosas. Otras las vas descubriendo por ti mismo, sobre la marcha. Sigues haciendo esfuerzos, autoconvenciéndote de que no puede ser tan complicado.

De repente, un día haces click. Encuentras el problema. Con el tiempo reconocerás que puede que lo supieras desde el principio, pero no querías verlo. La técnica y la forma física son variables limitantes, pero no decisivas. Falta el máximo determinante en la operación. El factor que altera el producto. El que decide si sales por arriba, o si, una vez más, vuelves a colgarte: tu mentalidad.

Comienzas a darte cuenta que aprietas de más, derrochando energía, porque tienes miedo. Miedo a fallar o a caer. Entonces, tu fuerza se ve mermada. Tu resistencia cae en picado. Tu técnica se va al garete. No quieres volar porque tu cabeza no para de mandarte mensajes negativos. Pero por fin asumes que cayendo es la única de hacerlo menos, aunque realmente lo hagas más. Menuda incongruencia. Comprendes que el miedo nunca se va a ir, y que lo más sensato es aprender a controlarlo. Sin que sea él quien tome las riendas.

Y tú, sigues buscando ese equilibrio. Ningún deporte te ha exigido tanto. Tanta fuerza, tanta concentración, tanta meditación. Tanto tragar orgullo. Éste lo hace, y es eso lo que te engancha. Porque cada batalla mental que superas te acerca al único objetivo relevante que puede tener la escalada: vivirla intensamente, con miedo pero sin freno. Acelerando cuanto más cerca esté el precipicio.

Seguimos hablando de escalada, ¿verdad?.

Aprendiendo extremadamente d´spacio (6c+) Trasobares

A veces, los nombres de las vías son una metáfora maravillosa.

David.

José Antonio Sanz (220m /6b) || Mallo Frechín

20 de noviembre. Últimos días de meteo amable antes de que empiece la nieve y el frío. Javi y un servidor dirigimos nuestros pasos y fuerzas hacia la vía José Antonio Sanz, a la que será nuestra segunda vía en los mallos grandes, tras el Espolón del Adamelo al Mallo Pisón.

Me gusta mucho leer sobre las vías que hago (y que no puedo hacer). Conocer la historia, quién la abrió y como lo hicieron, y más cuando se trata de un lugar tan mágico como Riglos.

Resulta que a esta vía le rodea una polémica sobre su reequipación y modificación de la vía original datada en el año 1971. Las críticas vienen, y escribo textualmente, por el exceso de parabolts y el cambio de la línea en gran parte del recorrido, perdiendo así la esencia y parte de la historia.

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Las de hace un tiempo.

He aquí mi desorden mental. Un intento absurdo de organizar en pocas líneas alguna de las miniaventuras que no se han recogido en este modesto blog, y que he realizado en los últimos meses.

A veces me gusta escribir, porque quiero que mis pensamientos se queden aquí, guardados. Como si de un cajón desastre se tratase. Además, así puedo volver a revivir esas escaladas cuando la motivación escasea o el tiempo apremia. Recogidas en el cajón no pueden ser olvidadas.

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Gran Diedro (V+, 210m) || Pico Russell (3.207m)

Si el esquí de montaña me ha permitido unir dos actividades maravillosas, teniendo experiencias mucho más enriquecedoras en el Pirineo; juntar largos paseos en alta montaña con escalada es, sin lugar a dudas, lo que más me gusta hacer.

Aproximar a una pared, a más de tres mil metros, y ascender por un marcado diedro a una cima principal, es un plan difícilmente igualable. Tanto a nivel deportivo como emocional.

Tras alcanzar altos niveles de adrenalina en el descenso del barranco de Eriste (https://www.youtube.com/watch?v=YkosKhEcpm0) junto a Mark; Javi y yo acudimos a Senarta y así preparar todo el material necesario para los próximos dos días.

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Sur Directa de los Martinez (200m. V-) || Picu Urriellu

Un 5 de agosto de 1904, a las 13:45, Pedro Pidal y Bernardo de Quirós, marqués de Villaviciosa de Asturias y Gregorio Pérez «El Cainejo», humilde pastor de una aldea (Caín) de los Picos de Europa, alcanzaban la cima virgen del Naranjo de Bulnes, o mejor dicho, Picu Urriellu.

Como la historia relata, ascendieron por su cara norte, con una simple cuerda de cáñamo, técnicas básicas de aseguramiento, sin conocimientos de la técnica del rapel, descalzo (El Cainejo) y con alpargatas (Pidal), superando los bloques más complejos mediante pasos de hombros, pero sobre todo con mucha ingenio, valor y espíritu aventurero. Por supuesto, también, con algo de inconsciencia y locura (no hay otra forma de hacer lo que otros no pueden hacer).

Gracias a la habilidad de El Cainejo en la escalada y a la tenacidad de Pidal, pudieron ascender por una ruta que a día de hoy marca una dificultad de V+, y descender sanos y salvos a suelo firme; acercando lo incomprensible e imposible al resto de los mortales.

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Fabres-Feiner (190m, IV+) || Aguja Perramó

La ascensión a las agujas de Perramó aparecía detallada en una guía que compraron mis padres, que contaba con algunas de las excursiones más representativas y bonitas del valle de Benasque.

Aunque era un libro de rutas destinadas al senderismo, incluía las agujas de Perramó al final del mismo, como alternativa a aquellos intrépidos que quisieran ascender a su cima mediante técnicas de escalada.

Por aquel entonces era incapaz de comprender como se podía subir una montaña escalando, con tanta cantidad de material y colgando de una cuerda.

Años han pasado desde que conocí estas agujas, y años han tenido que pasar para que una pequeña ilusión deje de ser eso, un humilde sueño en un cajón, y convertirse en realidad.

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