De «A Galliguera» a «La Quinta Chimenea» || Rueba y Riglos

Los cuatro días del puente de noviembre pueden quedar enmascarados por la escalada de El Puro, pero la realidad es que tuvimos algunas actividades previas muy interesantes.

Ari y yo nos dirigimos a Peña Rueba, seguramente el lugar donde más vías hemos tachado, y es que su buen equipamiento y grado amable nos permite poder hacer muchos metros y disfrutar escalando.

Esta vez, la vía elegida es A Galliguera, de Sueño Vertical y Sendero Límite que asciende al mallo de La Mora. Hace ya tiempo que este tipo de vías las repartimos a partes iguales, por lo que Ari comienza con los tres primeros largos, empalmando L1 y L2 de una tirada. Alcanza las diferentes reuniones sin inmutarse, escalando tranquila y segura. Ha progresado muy rápido en poco tiempo.

Es mi turno. Vienen los largos más difíciles. 6b+ y 6b respectivamente, pero nada mantenidos. Dos pasos puntuales donde apretar más de lo normal. El crux del L4 se trata de un paso a bloque largo en el que hay sacar la mano derecha para coger el único bolo bueno, y salir por arriba; el resto, fácil. Mientras, los pasos del L5 se concentran en dos panzas, la primera más fácil que la segunda, en mi opinión; y al revés, desde el punto de vista de Ari. Y es que, como ya he dicho alguna vez, muchas veces la dificultad es subjetiva, y depende de lo inspirado que estés para ver el paso, y lo fuerte que te sientas en ese momento.

L6 (6a) es, sin duda, el largo con más metros (45) y más bonito de la vía. Mantenido de principio a fin, que va serpenteando por el muro buscando las debilidades del mismo. Fluyendo hasta la R. Ari se lo merienda.

Empalmo L7 y L8 para volver a pisar, una vez más, este mallo que tan enamorado nos tiene. Arriba coincidimos con uno de los equipadores de la vía, y tras dos bocados al fuet y un trago de agua, volvemos a la seguridad de la furgoneta.

L6

Al día siguiente nos plantamos en Riglos, con muchas ganas después de haber encadenado con solvencia la vía del día anterior. Pero ya sabemos que los señores Mallos no se andan con tontadas, por mucho que las chapas estén cerca.

Aproximamos hasta el inicio de la vía La Quinta Chimenea, e impresiona la gran fisura que rompe la pared en dos partes y recorre la vertical hasta la cima del mallo.

El primer largo son cuarenta metros de V+ de los de escalar. Mantenidos, técnicos, exigentes, y duros. Uno de esos quintos que dices: «ya he calentado». Lo resuelve Ari. Desde la R me mira con cara de esfuerzo. Cuando alcanzo la cueva donde se encuentra la instalación digo lo mismo: «joder, vaya inicio.» Hoy iba a tocar luchar.

L2 (6b+) comienza con la salida de la cueva y un paso duro que resuelvo, pero no encadeno. Se trata de un paso a bloque donde hay que ir con decisión, pero son buenas manos. Tras unos metros, me planto bajo otro techo con tendencia a derechas en el que me cuelgo como un chorizo. No me tiembla el pulso. Ni siquiera lo intento.

L3

Tras unos metros iniciales algo más exigentes del L3 (6a), continúa en chimenea hasta la R sin grandes sobresaltos. Es un largo donde si te colocas bien te cansarás de piernas, y si te colocas mal, echarás la gota gorda.

Empalmamos L4 y L5. La salida me resulta más compleja que el largo anterior (pero recordad aquello de la subjetividad), para luego andar por una canal de tierra y hierba hasta la penúltima reunión.

El diedro vertical del L6 (6a+) pone punto final a la vía y, aunque dos largos más nos llevarían a la cima de La Visera, nosotros hemos tenido suficiente y continuamos la cuerda fija para subir hasta arriba y descender cómodamente por el Circo de Verano, y así pasar por la entrada directa del Puro, que nos esperaría dos días después. Pero eso, fue otra historia.

Nos leemos en la próxima, hasta entonces ya sabéis: cordada, y pura vida.

David.

L2

El Puro, entrada directa (6b/200m) || Riglos

Posiblemente ésta sea la crónica más ansiada, deseada, sentida y querida desde que este blog naciese allá por 2015. Se me hace muy complicado intentar transmitir con palabras lo que viví, por todo lo que suponía para mí estar allí arriba.

Conocí Riglos antes de comenzar a escalar. Prometí que no lo visitaría sino era para trepar en sus paredes. También dije que el día que subiera a la cima del Puro podría considerarme «escalador», y que si acaso hubiera alguna razón por la que empezase en este deporte, esa era para coronarlo.

Escalar esta vía es un placer primario. Es algo obligatorio para cualquier enamorado de la escalada. Es recibir una clase de historia. Es imaginar a Bescós, Rabadá y Cintero hollar su cumbre en 1953 tras dos vivacs en la pared y mucha, muchísima valentía. Es, simple y «llanamente» (llano digo… qué mentira), maravilloso.

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Los tacones rosas de la tía Glori (200m / 6c) || Mallo Frechín

Aunque todavía cabe la posibilidad de hacer alguna escalada en el Pirineo, la temporada termina y es momento de exprimir lugares como Riglos y Peña Rueba.

En esta ocasión, me dirijo de nuevo, junto a José Luis, al mallo Frechín, con la idea de ascender otra vía de Sueño Vertical. Una restauración de las antiguas vías Rosaleda y vía del Taco, saliendo con tres largos añadidos por las paredes del mallo.

José Luis sólo había escalado en Riglos haciendo deportiva. Le digo que eso hay que remediarlo; que no puede ser que después de tantos años escalando no haya hecho largos allí. Sigo inventándome excusas para liar a la gente a hacer metros. Pero la realidad es que nunca decepciona. Escalar, y más en Riglos, es otra historia, otras sensaciones que difícilmente se encuentran en escuelas de deportiva.

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Negro sobre Rosa (200m / 6a+) || Mallo de Enmedio – Riglos

«A la vuelta, desde mi asiento de copiloto, miro hacia la derecha con una sonrisa dibujada en mi cara, intentando disimular el vidrioso de mis ojos, feliz tras volver a reconocerme, por poquito que fuera.»

Por fin estamos de vuelta tras unos meses complicados. Tenía muchas ganas de volver a escribir. El problema radica en que escribo por sensaciones, y éstas emanan cuando hago algo que siento especial. Al no poderlo hacer, el resultado es el que es: tiempo sin reseñar ninguna actividad.

Cuando todo pase será momento de sacar todo lo que hay dentro, pero por ahora, y como nos gusta decir: a llorar a la llorería.

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José Antonio Sanz (220m /6b) || Mallo Frechín

20 de noviembre. Últimos días de meteo amable antes de que empiece la nieve y el frío. Javi y un servidor dirigimos nuestros pasos y fuerzas hacia la vía José Antonio Sanz, a la que será nuestra segunda vía en los mallos grandes, tras el Espolón del Adamelo al Mallo Pisón.

Me gusta mucho leer sobre las vías que hago (y que no puedo hacer). Conocer la historia, quién la abrió y como lo hicieron, y más cuando se trata de un lugar tan mágico como Riglos.

Resulta que a esta vía le rodea una polémica sobre su reequipación y modificación de la vía original datada en el año 1971. Las críticas vienen, y escribo textualmente, por el exceso de parabolts y el cambio de la línea en gran parte del recorrido, perdiendo así la esencia y parte de la historia.

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Las de hace un tiempo.

He aquí mi desorden mental. Un intento absurdo de organizar en pocas líneas alguna de las miniaventuras que no se han recogido en este modesto blog, y que he realizado en los últimos meses.

A veces me gusta escribir, porque quiero que mis pensamientos se queden aquí, guardados. Como si de un cajón de sastre se tratase. Además, así puedo volver a revivir esas escaladas cuando la motivación escasea o el tiempo apremia. Recogidas en el cajón no pueden ser olvidadas.

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