Mallo San Jorge y Pico Borón || Sierra de Guara

Días libres, hay que aprovecharlo.

Momento de buscar rutas, caminos, actividades nuevas y variadas donde volver a sentir ese gusanillo que únicamente da la felicidad de… estar colgado.

La cantidad de nieve acumulada en el Pirineo, unida a una predicción meteorológica un tanto dudosa, hace que Revu y un servidor, pongamos rumbo a la Sierra de Guara, injustamente olvidada por nosotros.

Nuestra idea inicial era subir por la vía ferrata Canal del Palomo, continuar con la ascensión al mallo San Jorge, y finalizar el paseo en el pico Borón.

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Fotografía blog komando kroketa

Las paredes escurren agua, debido al deshielo y  las lluvias de los últimos días, por lo que suponemos que la canal bajará bastante cargada. No obstante, decidimos intentarlo: ver como se deslizan litros y litros por allí, puede ser una maravilla.

Conforme se va encajonando la vía en sí, las posibilidades del agua para esquivar las clavijas se reducen, así que no le queda otra que mojarlas, haciéndolas resbaladizas.

Más tarde vimos como un muchacho francés salía del final de la ferrata, por lo que pudo completarla. Nosotros preferimos darnos la vuelta; no queríamos estar mojados el resto del día, ni tener sustos innecesarios.

Así, subimos por el camino de bajada de la ferrata, en busca de la ruta de ascenso al mallo San Jorge.

El sendero transcurre entre árboles y raíces, rocas y tierra. Diversas trepadas de pasos equipados con alguna maltrecha cuerda hace que sea mucho más entretenido que un “andar por andar”.

En la última parte del ascenso al mallo, se encuentran unas clavijas y una línea de vida que, escalándolas, nos dejan en la cima.

 

El tiempo está inestable. Tanto que paso de estar en manga corta, a estar con chubasquero puesto que empieza a granizar.

No nos podemos entretener mucho arriba, así que montamos un rapel para volver a suelo firme. En diferentes reseñas que consulté, decían que se necesitaba cuerda de setenta metros, para poder montar un rapel de treinta y cinco. Como me fio de la buena fe y prudencia de los blogers, entiendo que se dice una cifra con unos metros de margen; así que vamos con dos randonnées de treinta metros, que nos dejan sin problemas en el inicio del ascenso mediante un rapel precioso a pies volados.

Vemos nuestro siguiente objetivo bastante lejos, puesto que hay recorrer por la izquierda un sendero cercano al abismo, llegar al collado, descender y volver a subir.

No tenemos prisa; el tiempo parece más estable y no hay por qué estar menos horas en el monte pudiendo estar más.

No tenemos prisa, pero lo parece. Revu toma la delantera y subimos los últimos metros a la cima a un ritmo de tres respiraciones por segundo. La pendiente se las trae, tanto es así que estoy justo detrás de él, y sólo alcanzo a verle los talones.

Montaña, aire puro, amigos, un poco de esfuerzo y sudor, y una buena dosis de risas. Eso, y una parada en la panadería de Siétamo, que viene siendo tradición.

Quizás tengamos la felicidad delante de nosotros y nos empeñamos en mirar para otro lado. Como si no pudiera ser tan fácil conseguirla. Como si  tuviéramos que pagar un peaje más alto por ella para sentir que la merecemos. Quizás nos lo hayan hecho creer así, y hayamos mordido el anzuelo.

Mientras buscamos la solución, seguiremos a lo nuestro.

Nos leemos en la próxima, hasta entonces… caminos nuevos, y pura vida.

David.

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