El Puro, entrada directa (6b/200m) || Riglos

Posiblemente ésta sea la crónica más ansiada, deseada, sentida y querida desde que este blog naciese allá por 2015. Se me hace muy complicado intentar transmitir con palabras lo que viví, por todo lo que suponía para mí estar allí arriba.

Conocí Riglos antes de comenzar a escalar. Prometí que no lo visitaría sino era para trepar en sus paredes. También dije que el día que subiera a la cima del Puro podría considerarme «escalador», y que si acaso hubiera alguna razón por la que empezase en este deporte, esa era para coronarlo.

Escalar esta vía es un placer primario. Es algo obligatorio para cualquier enamorado de la escalada. Es recibir una clase de historia. Es imaginar a Bescós, Rabadá y Cintero hollar su cumbre en 1953 tras dos vivacs en la pared y mucha, muchísima valentía. Es, simple y «llanamente» (llano digo… qué mentira), maravilloso.

Tras un despertar entre la niebla; Javi, Ari y yo estamos bajo la gran chimenea vertical que marca el inicio de la entrada directa.

Hace frío. Aunque eso será lo de menos en unos minutos. Trago saliva. Tengo muchos nervios, dudas, respeto, y miedo también.

El primer seguro está a cinco metros. «Esto es una clásica de Riglos chaval, ¿Qué esperabas?» -me digo. También puedo recordar los tópicos que todo el mundo dice: lo sobado que está absolutamente todo lo que se toca, lo desfasados que están los grados de dificultad y los alejes entre seguros; pero todo esto me devolvería a la frase anterior. Esto es Riglos.

No recuerdo la última vez que escalé tan concentrado. Van cayendo los metros y sigo avanzando. Asciendo lento pero seguro. Lo mejor es no caerse. Una reseña nos engaña. La primera R no está a 50 metros, sino a unos 35, desplazándose bastante a la derecha para poder verla. Me la salto, y ojalá fuera porque voy sobrado y fuerte, pero os estaría mintiendo. A cinco metros de la R2, tengo que montar reunión porque me he quedado sin material. Esos 50 metros me han exprimido, me han hecho pasar miedo y me han mandado todos los mensajes negativos posibles. Creo, sin duda, que es un claro filtro para comprobar si eres capaz de seguir, o por el contrario, rendirte y dar media vuelta.

Javi toma el relevo y tras superar una panza comprueba que, efectivamente, hemos empalmado los dos primeros largos, y vienen los metros más sencillos de toda la vía.

Respiro aliviado. Habernos quitado los dos primeros del tirón pensando que era uno es un chute de energía positiva que nos hacía falta para afrontar lo que viene.

De nuevo Javi va en cabeza. Dice que tiene ganas de probar el L4. Metros sencillos hasta plantarse debajo de la Cueva del Puro, un techo impresionante que no resuelve a la primera porque se le resbala la mano izquierda. Al segundo intento, lo supera sin ningún problema. Hasta aquí las guías dan V+, V, y 6a. Olvidaos de los grados en esta vía y centraros en salir por arriba.

A continuación tocan otros 50 metros por una chimenea considerada el largo más sencillo. Para qué voy a mencionar nada de la distancia entre seguros si ya os lo imagináis.

 

Tras unos pasos en oposición a mitad del mismo, alcanzo la argolla. El sol me da en la cara y es el momento de pasar a manga corta. Detrás de mí, el impresionante mallo Fire. Veo lo que nos queda por delante, y sonrío. Ahora sé que lo vamos a conseguir.

Tres largos nos separan desde el collado a la cima. Tiradas cortas, con tres panzas destacadas con los seguros próximos. Y es que no seremos los primeros ni los últimos en pasar acerando por allí.

Javi abre L6, seguramente el más mantenido de los tres, con una panza complicada a mitad y otra antes de llegar a la reunión mucho más agradecida. El momento de pasar del característico bloque empotrado al mallo del Puro es mágico. Miras hacia abajo y ves perfectamente el suelo, el camino por el que hace unas horas habíamos aproximado.

La salida del siguiente largo es lo más difícil. Los buzones quedan altos y hay que ir con decisión. Son pasos que a cinco metros del suelo en una escuela de deportiva los intentaríamos y haríamos sin mucho problema. Pero esto es lo bonito de la tapia. Entran muchos más factores en juego. 

Y estamos en los últimos metros. Les había comentado que me hacía especial ilusión llegar el primero y asegurarles desde arriba. Supero la panza de 6b acerando en el clavo hasta el canto salvador, y escalo los metros sencillos para llegar a lo más alto del Puro. Ni siquiera me pongo de pie. Solo pienso en que tanto Ari como Javi estén conmigo para poder compartir el momento; así que monto la R rápido y grito el “¡Reunión!” más placentero que he dado en mi vida.

Ari sube primero, y al llegar arriba le da respeto ponerse de pie. Acaba de escalar el Puro, en un derroche de fuerza y saber hacer impresionantes, y su duda es si cabemos los tres allí arriba. Con el tiempo será consciente de lo que acaba de conseguir. Es increíble.

Después aparece Javi. Escala los últimos metros mientras media docena de buitres planean en círculos a escasa distancia. Su sonrisa le delata. También sabe, como nosotros, que lo de hoy es especial.

En la cima me acuerdo de Alberto, viejo conocido en este blog. La brasa que le daba año tras año diciéndole que me subiera aquí (siempre estará más fuerte que yo). No tengo ninguna duda de que la repetiré con él algún día.

También de Santi. Seguro que vigilabas desde el mirador de los Buitres. Al final lo escalé. Y las que me quedan. Desde aquella primera vía en Sesué no puedo parar. No sé si hay algo más bonito que haber regalado inspiración.

Nuestras sombras quedan reflejadas en las paredes del Pisón, fotografía característica desde la cima del Puro, que no podemos dejar pasar. Y, sin demorarnos mucho, comenzamos los cuatro rápeles que nos separan del suelo.

Abandono el último la cima, mientras Javi y Ari bajan al punto del rapel. Respiro hondo. Ese rato es para mí. Para siempre.

Gracias y enhorabuena al mejor equipo. Tenía que subirlo con vosotros.

A Javi, porque desde la Edil ya van unas cuantas mano a mano. Porque sin su ayuda abriendo largos estoy seguro que a día de hoy no llego a arriba.

Y a Ari. Lo tuyo no tiene nombre. Subirlo con tan poco tiempo escalando no está al alcance de todos. Bendita cabeza y fuerza la tuya.

¿Sabéis qué pasa cuando haces algo así de especial, verdad? Que es inevitable no pensar en la siguiente. No tenemos remedio… Aunque pensándolo bien, no se quién querría remedio para tal enfermedad vertical.

Nos leemos en la próxima, hasta entonces ya sabéis: Ilusión, y pura vida.

David.

¡AQUÍ EL VIDEO!

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Un comentario en “El Puro, entrada directa (6b/200m) || Riglos

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