Sur Directa (680m, V+) || Torre Santa de Castilla

El 8 de marzo de 2009 se emitió en Cuatro el quinto episodio de la segunda temporada de un programa presentado por un hombre muy campechano con un pelo muy rubio. Dicho así supongo que no tendréis ni idea, pero si os digo Desafío Extremo y Jesús Calleja, igual la cosa cambia un poco.

Cuando descubrí ese programa, y el episodio en concreto, sería un año después, con mi pasión por las montañas todavía en fase de embrión. La explosión de ésta vino con la lectura del libro Bajo los cielos de Asia, de Iñaki Ochoa de Olza, pero esto ya es otra historia.

Como cuando un niño pequeño dice que de mayor será futbolista, sin reparar en todo lo que tiene que alinearse para que eso suceda; en el momento que vi el episodio le dije a mi compañero de bulder por aquel entonces que algún día la escalaría.

Lo que a continuación escribo es lo que ocurrió durante tres intensos días, en los que resultó que ese «niño» tenía razón en su afirmación. Se me ponen los pelos de punta.

El Torre Santa de Castilla (o Peña Santa) se encuentra en el Macizo Occidental de Los Picos de Europa, en la provincia de León. Es una de las grandes paredes de la península. Os puedo decir cifras concretas: más de 600 metros de alto y 2 kilómetros de ancho; pero también se a ciencia cierta que no os hacéis una idea, salvo que os hayáis plantado ahí debajo, a sus pies, de la magnitud de aquella mole de roca caliza.

Todo el mundo es capaz de valorar de alguna manera más o menos racional, lo que supone subir el Aneto, o el Mont Blanc. Son los más altos, muy conocidos, y los sube mucha gente. Es difícil entonces explicar cómo una montaña que apenas supera los 2500 metros de altura, sea infinitamente más compleja, exigente, comprometida y salvaje que las dos anteriores. Es por esto que en la mayoría de las ocasiones, no lo puedes comprender hasta que lo vives. Y si lo has vivido, quizás no puedas ni explicarlo. Incluso la escalada al Picu Urriellu del año pasado queda en un mero «paseo».

El 31 de julio (Happy birthday to me!) Ari, Javi, Blanca y un servidor arrancamos dirección Vega de Llos con una mochila cargada de todo lo necesario para pasar tres días aislados, con una escalada de por medio. Dentro de las infinitas variables que hay que tener en cuenta para realizar esta escalada, una de ellas es saber si la fuente del refugio no guardado de Vega Huerta tiene agua (es el único punto de recogida de agua -recordad este dato para más adelante- y tiende a secarse a finales de verano). Salvo para gente extremadamente buena y rápida, creo que es imposible cargar con agua suficiente para tres días. Otra variable es confirmar que no hay nevero para el regreso a suelo firme en el collado de la Forcadona, fundamental para no tener que cargar con crampones y piolet, y escalar con ellos, claro.

Jamás había llevado tanto peso a la espalda, y gracias al taxi 4×4 que nos quitó parte del desnivel hasta el «campo base», pude hacer la aproximación sin agonizar en el intento. Aún así, unos 600 metros positivos, pasando por la Canal del Perro, nos llevan al collado del Burro, desde el cual se ve la impresionante pared del Peña Santa. Habíamos leído que todas las aproximaciones hasta su base son duras, así que todavía quedaba una hora por un laberinto kárstico hasta plantar nuestras tiendas en Vega Huerta.

Son las 6:00 y nuestros frontales alumbran el camino hasta el comienzo de la Sur Directa. A las 7:15, tras una trepada inicial de diez metros, comienzo el primer largo de los doce restantes, los primeros 50 metros de los 680 que tenemos, justo en ese momento, encima de la cabeza.

Trepada para el pie de vía

Una chimenea herbosa que finaliza saliéndose hacia la izquierda hasta alcanzar la primera R, a reforzar con un cordino y un friend, sirven para afinar cuerpo y mente.

L2 presenta varias opciones para ser superado, pero decidimos encararlo por la chimenea que, aunque algo más difícil, tiene tres clavos como seguro. Una vez salvado, L3 sirve de transición para los siguientes dos largos previos al «nevero colgado».

Encaro L4 por una plancha compacta a la izquierda de una canal herbosa. Me parece más seguro y fiable que meterme por la canal, y monto la R en una amplia repisa a los pies de una chimenea estrecha y muy vertical.

Hasta aquí hemos leído la vía a la perfección, sin salirnos del trazado ni hacer variantes extrañas. Pero es complicado no errar en vías donde no se ven los seguros, y más si recordamos que son más de 600 metros de escalada.

Comienzo L5 y en dos pasos me planto en el paso más duro hasta el momento (luego veríamos que la línea va por la izquierda). Meto el friend nº 3 para asegurar el paso y, en vez de encajarme en la chimenea, me ayudo de los canalizos de la derecha para después realizar travesía a la izquierda y encarar por la salida normal. Siempre digo que para este tipo de vías es importante estar un punto por encima del grado máximo obligado. Así, te puedes permitir «el lujo» de fallar. De improvisar. De lo contrario, creo que las penas serían mayores que las alegrías.

L5

Alcanzamos la zona del nevero colgando. Vamos bien de horario, pero decidimos comer y beber algo a los pies del L6, por lo que nos ensamblamos y recorremos los 150 metros por terreno descompuesto y trepadas expuestas, hasta la sombra del nicho característico.

Estamos ante otro de los puntos clave de la vía. Un paso de placa en travesía hacia la derecha protegido por un parabolt. Dos pies regulares y dos manos malas hacen apretar para alcanzar el canto salvador y montar la R treinta metros más arriba, tras haber recorrido un espolón que parecía más fácil de lo que fue.

De aquí, un largo a tope de cuerda haciendo malabares entre grandes bloques para plantarnos en los últimos 200 metros de pared. Y aquí empiezan los problemas.

El sol castiga con fuerza, perdemos mucho tiempo en el largo anterior por el excesivo roce de las cuerdas, empezamos a hacer cortos de agua (2L por persona), y yo empiezo a acalambrarme. Espasmos tanto en el bíceps como el antebrazo derecho hacen que los cuatro largos de canalizos me hagan exprimirme al máximo.

Para colmo, en el L10 salgo recto de la R por una panza muy vertical, ante la imposibilidad de escaquearme por la derecha, convirtiendo un largo a priori sencillo, en otro de esos «errores de lujo».

Mi cabeza empieza a dudar y, tras una nueva equivocación en el L12 y último hasta la cima, pido a Javi que pase delante y me abra camino porque voy con lo justo.

Son las cinco de la tarde y, tras diez horas de escalada ininterrumpidas, en la cima no hay lágrimas ni grandes momentos de euforia. Eso solo ocurre en las películas, y a nosotros nos queda un largo descenso, enrevesado y expuesto. Porque, quien haya leído algo de esta montaña, sabe de la importancia de realizarlo con luz.

Los cuatro montamos rápeles. Los cuatro cogemos agua en los neveros para engañar a la sed. Los cuatro nos animamos. Convertimos la vuelta a la seguridad de las tiendas en una muestra de cómo hacer las cosas bien. Ningún error en el camino ni momento de grandes dudas. Aún así, cuatro horas de reloj.

Llegamos a las tiendas con las últimas luces del día, y directos a la fuente para comenzar a hidratar. La batalla ha terminado.

Rapel
Uno de tantos destrepes

El martes, durante el regreso a Posada de Valdeón, reflexiono:

Ha sido, sin lugar a dudas, la actividad más exigente y difícil, técnica y físicamente, que haya hecho hasta la fecha. A pesar de ello, y gracias a escalar cada vez más, pude sentirme cómodo en los pasos más difíciles, incluso cuando las fuerzas se vieron mermadas a causa de la deshidratación.

No la podría haber escalado años atrás. El momento era este. El equilibrio justo y perfecto.

Siempre que se baja de una montaña se tiene la estúpida sensación de victoria. Como si hubieras ganado. 1-0. Esta vez, nosotros conseguimos nuestro objetivo, sí; pero Peña Santa nos exigió dar el máximo. La sensación con la que regresamos es de empate. 1-1. Así debe ser. Equilibrio justo y perfecto, de nuevo.

Gracias equipo, por acompañarme en esta escalada. Prometo, aunque ahora sintamos la necesidad de descansar, seguir buscando esas aventuras que solo pueden ser vividas esporádicamente, que alimentan el alma y quedan grabadas en la retina.

Nos leemos en la próxima. Hasta entonces ya sabéis: Aventura, y pura vida.

David.

https://www.proyectobrontosaurio.com/
Peña Santa
Vega Huerta
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